domingo 13 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXVI.- Sara en camino...)




       Sara preparaba su bolsa de viaje para pasar el fin de semana en casa de su madre, tras haberse dado una ducha rápida.
        -Que no se me olvide…la carpeta de mis investigaciones del caso “Fénix”. Parezco una detective hablando, o algo así. –Se dijo sonriendo.
        Su idea era llevarse aquellas notas, junto con el portátil, por si tenía algún rato para pasar al ordenador el fruto de su arduo trabajo de “rata de archivo”, forma cariñosa, y nada despectiva para ella, con la que calificaba a quien se pasaba horas y horas entre legajos. Tras haber ayudado en aquella exposición sobre el Greco se había centrado, además de en su trabajo habitual en el archivo histórico, en profundizar sobre aquellos dramáticos días del verano de 1492. Simplemente, una mañana, paseando por la judería con Esther…aquella idea le vino a la mente.
        El teléfono móvil sonó…eran las 8.30 de la mañana…
        -Dime guapa…No tenías que haber llamado…Espero no haberte despertado con el mensaje. –Dijo a su amiga Esther.
        -Tranquila, recojo un primer grupo de japoneses a las 9.00 procedente de Madrid, en la puerta Bisagra. El sábado va a ser movidillo.
        -Con tú…japonés de calidad…
        -Menos cachondeo…Vienen con intérprete por supuesto. ¿Seguro que estás bien? Ayer me dejaste preocupada…Tenías la mirada perdida, y decías cosas raras sobre una niña. ¡Joder Sara! Me asustaste. Y luego tu negativa a que me quedará contigo…Eres…Eres…una mula del Jerte.
        -Jajajajaja…Anda boberas…Mira…me duché, tomé un poco de sopa, y me quedé frita en el sofá. No tengo fiebre y he desayunado con normalidad. No te preocupes…Eso sí, cuando te cuente lo que he soñado, vas a partirte el eje.
        -No me digas… ¿Otra noche romántica, con Harrison Ford?- Dijo Esther con un tono monótono de resignación.
        -Pues no…Fue mucho más fuerte. Tu amiga Sara se convirtió en agente del Mossad…y aquí en Toledo…Soy un Crack. Lara Croft a mi lado es una aficionada…
        -Lo tuyo, mi niña, es para mirártelo…Qué bárbaro…En fin, ya me contarás.
        -De acuerdo guapa…fue una experiencia muy intensa…-Río abiertamente Sara.
        -Ten cuidado. Ve despacio…y llama cuando llegues…¿vale?
        -Caray pareces mi madre.
        -Tú llama…
        -Tranquila guapa. Lo haré…como siempre…Tengo dos madres pesadas…-Volvió a reír.
        -Buen viaje…pásalo bien. Un beso.
        -Gracias. Que te sea leve el fin de semana…Un besito. –Dijo Sara comprendiendo que para Esther eran días de mucho trabajo, al menos el sábado.
        Acabó de preparar su pequeño equipaje, revisó que todo quedaba en orden en casa, las ventanas y los grifos cerrados…
        -Ostras…el butano. Ya me dejaba… el calentador…Si es que. – Se dijo.
        Cerró la pestañita de la bombona, comprobó que la nevera no quedaba abierta, era tan vieja que había que ayudarla con un empujón para que las gomas quedaran en su sitio,  se colgó en un hombro la bolsa de viaje y, en el otro, el portátil con algunas carpetillas dentro, salió de casa y cerró la puerta convenientemente.
        -Será inevitable…pon buena cara…Será inevitable…sonríe…Ahí está…
        -Buenos días Sr. María…tan temprano…y ya barriendo el portal…-Dijo con cierto tono de resignación, mientras, divertida, pensaba que era clavada a la portera de los tebeos de 13 rue del percebe.
        -Hola bonita. ¿Te encuentras mejor? Ayer…parecías echa un guiñapo.
        -Algo que me sentaría mal de la comida. Seguro.
        La señora María miró a la joven de arriba abajo, mientras ésta bajaba las últimas escaleras. Había dejado de barrer, y la escoba hacía ahora de apoyo para sus manos
        -Te vas de viaje…al pueblo quizá…Saluda a tu madre de mi parte. Hace seis meses que no te visita.
        -Si, está muy ocupada con la cantina…ya sabe…
        -Mucho trabajo en un pueblo casi deshabitado, no tendrá…creo yo…
        -Siempre hay cosas que hacer. El huerto, la matanza, los clientes…Ya me entiende.
        -No entiendo mucho. Una hija es una hija
        -No te jode…lo sabía…y acabaré discutiendo con esta cotilla a primera hora…Qué más le dará si viene o no mi madre a verme. Leñe que tengo 32 años…-Pensaba Sara.
        -Vives sola…supongo que una visita más a menudo sería de agradecer.
        -Corta por lo sano, y lárgate Sara –Pensó- Que lástima de pistola esa con la que soñé, estaría dormida todo el día.
        -Bueno Sra. María, que tenga usted un buen día. Tengo algo de prisa, no quiero encontrarme mucho tráfico en la autovía…Ya sabe…-Dijo esbozando una sonrisa forzada.
        -La juventud siempre con prisa. El otro día vi un reportaje sobre los accidentes de tráfico…
        -No crea todo lo que le cuentan, Sra. María. –Dijo cortándola descaradamente, y saliendo del portal
        -No corras, y ten cuidado. Lo importante es llegar, y luego regresar.
        -Diosssssss, no la soporto. Ahora parece un anuncio de la DGT.Me saca de quicio. -Mascullaba
        -Adiós, Sra. Maria lo haré. Esté tranquila. Hasta la vista…-Iba contestando a medida que abandonaba el portal, y la portera la seguía con la escoba…
        -Cuidado en los adelantamientos, es donde más riesgo hay…
        -No caerá una teja…-Seguía la joven mascullando cada vez más alejada.
        Finalmente a una treintena de metros del portal Sara se giró para mirar si podía cruzar la avenida…
        -¡Acostúmbrate a utilizar los pasos de cebra! Gritó la portera.
        -Que he hecho yo para merecer esto…-Dijo Sara, mientras la contestaba con un saludo con la mano ostentoso de despedida.
        Finalmente cruzó y se adentró en el barrio de Santa Teresa.
        -Me ha costado más dar esquinazo a la puñetera portera que dar el pasaporte a los dos espías de anoche. –Pensó divertida, tras abrir el maletero de su coche para depositar el equipaje y el portátil, apartando una manta oscura con algunas manchas de aceite.
        -Cuando llegue a casa…voy a lavarla. Menos mal que la tenía cuando se derramó ese líquido apestoso. Mira que dejar el tapón abierto en el cambio de aceite…Estos del concesionario…
        -Hola “Chisbi”. –saludó a su pequeño utilitario, un Ford Fiesta negro, casi nuevo, eso sí, sin ningún cadáver dentro.


Acabo de darme cuenta, felicitando a Yaiza por su próximo aniversario del Blog...que es el mío. jajaja. Hoy hace una año que se publicó la primera entrada en Sombra triste, una versión corta de  "La daga envenenada". Gracias por vuestras visitas.

jueves 10 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXV.- El dilema)





     Con una toalla al hombro, recorrí el corto pasillo que me separaba del baño con el objetivo de darme una ducha y, excepcionalmente, afeitarme. Digo excepcionalmente porque mi aspecto me preocupaba muy poco…pero… al haber chica…, tampoco era cuestión de quedar como un zarrapastroso con coche deportivo, imagen que no me importaba dar habitualmente, dada mi torpeza en  relación a las féminas, pero Sara me había llamado la atención. Aquella mirada intensa y, quizá algo triste y melancólica de la foto de su habitación, debía de encajarla con su espíritu aventurero y carácter abierto, y para ello debía conocerla. Eso…ya me ponía nervioso sólo de pensarlo
         La noche anterior me había chocado el contraste entre la antigüedad de la cantina y la modernidad de su aseo. Seguramente había requerido una cuidadosa reforma. No había bañera, pero si una cabina de hidromasaje y baño de vapor, lo cual me produjo una sonrisa instantánea. La verdad…no pegaba mucho. El resto del baño estaba perfectamente adaptado al poco espacio que había y cuidadosamente elegido en un color malva claro. El lavabo, encastrado en un mueble con espejo, del mismo color, con dos cajones debajo y un armario con dos puertas, el bidé y el váter, del mismo color completaban aquel espacio. Supuse, para eso no había que ser ningún lumbreras, que, en aquella reforma, Sara habría tenido mucho que ver, puesto que los azulejos de las paredes, de color crema estaban decorados con cenefas con pequeñas estrellas y lunas sonrientes rodeadas por flores de diversos colores de tonos suaves, azules, verdes y rosas principalmente, que no desentonaban, al contrario, pero…
        -Demasiado femenino para mi gusto. -Pensé.
        Comencé por afeitarme la cabeza, como era habitual.
        -Nunca te cortas…No vayas a hacerlo hoy.
        Tenía por costumbre no tener cuidado. Sabía que era la mejor manera de no cortarme, hacerlo mecánicamente, como lo hacía dos veces a la semana desde hacía años.
        -Hombre…la verdad es que calvo…lo que se dice calvo…no estás…pero ¡que leches! para andar tapando huecos… –Volví a pensar-
        Como casi siempre que cogía la cuchilla me imaginaba dejándome crecer el pelo, hasta ver que aspecto tendría, preguntándome si ya sería imposible ocultar las entradas que comenzaran a hacerse patentes en la facultad.
        Me unté toda la cabeza con gel de afeitar de color azul que, al frotar, se iba transformando en una fresca espuma blanca…y recordé las carreras de mi hermano menor por el pasillo huyendo de mi, repleto de espuma, amenazando con darle un beso y llenarle entero de ella.
        -Caray que pinta…como para salir en carnaval…-Sonreí
        Terminé de afeitarme la cabeza sin contratiempos
        -Un poco de cuidado especial chaval…los pelos del cuello. Y no se te olvide repasarte las orejas y la nariz…por si acaso, es de mal efecto. –Me dije
        De repente, se me escapó una leve carcajada…
        -Por Dios…pareces tu madre. No te digo, si va a tener razón…-Excepcionalmente, aparqué aquel dicho de mi padre…”Para la gocha que me ronda”, que era lo que habitualmente le contestaba.
        Concluí mis cuidados personales con el afeitado de la cara…sin contratiempos.
        La verdad es que me hubiese apetecido darme un baño de vapor, pero no lo creí oportuno. Tampoco había recibido instrucciones sobre su manejo. Lo que sí pude percibir es que el regulador de temperatura no funcionaba correctamente, seguramente la cal ya estaba haciendo de las suyas en su interior, y pasó un rato hasta que logré cogerle el tranquillo, primero casi me chamusco la espalda y luego…el agua helada. Finalmente y, tras un rato bajo el cálido y reparador roce de aquella agua en su punto exacto de temperatura, giré bruscamente el regulador para acabar con el agua helada despertando hasta la última célula de mi cuerpo.
        -Caray…ya no recordaba lo que era ducharse con agua fría de un lugar frío…uffff- Me dije.
        Cuando salí de la cabina sentí un gran alivio, la temperatura ambiente era mucho más alta que la que tenía mi piel en aquel momento. Cogí la toalla y me sequé.
        -Seguro que utiliza un suavizante con aroma a melocotón. – Pensé al pasar por la cara.
        La toalla tenía un tacto suave, aunque desde luego no era nueva. Detalle que, por otro lado, no me disgustó. No tenía porque estrenar ni sábanas ni toallas conmigo. Me dio una sensación de cercanía, confianza y familiaridad, que no sé porqué me pareció bien.
        Y como era, y es my costumbre, no me sequé la cabeza. Esas cosas que tiene uno. Me sigue gustando sentir el aire fresco refrigerando “la azotea”, que alguna gota juguetona resbale produciendo un suave y fresco cosquilleo cuello abajo. No sé… manías…
        Salí del baño intentando no dejar rastro de mi presencia. Comprobé que no quedaban pelos ni espuma en el lavabo, dí un repaso a la ducha de arriba abajo, con agua, incluso pasé algunas gotas que habían caído cerca del lavabo tras la “batalla” del afeitado con la toalla del suelo, antes de dejarla dentro del cesto de mimbre, supuse que para la ropa sucia, junto a la cabina de hidromasaje. No era plan de limpiar los baños, al fin y al cabo pagaba por mi estancia, pero no estaba mal dar la imagen de alguien cuidadoso y ordenado, por otra parte lo que era en realidad.
        Y llegó el momento…el gran momento del día. El momento del ritual supremo, del dilema diario de aquella existencia monótona, aburrida, anodina y sin sentido, en el que, tras vestirme, elegía la gorra que iba a sacar de paseo adornando…o más bien, protegiendo mi reluciente y recién afeitada calva, que en ese momento presentaba una aspecto esplendoroso, puesto que me había aplicado una crema para después del afeitado que le daba un brillo especial.
        Miré por la ventana…
        -Caray como ha cambiado esto en unos minutos…-Pensé
        Las nubes cubrían por completo el cielo sobre el valle. Los picos de las sierras circundantes no se veían. Estaban ocultos tras una densa niebla, que parecía descender por momentos.
        -Me temo que lloverá…Esa borrasca que se anunciaba…ha entrado desde el Atlántico.
        Esto condicionaría la elección…y reducía mis posibilidades. No se podían llevar gorras claras.
        -Recuerda aquella tromba de agua cargada de arena del Sáhara…y como quedó llena de barro la gorra de los Dallas Cowboys… ¡Que disgusto!
        Abrí la maleta y uno de los laterales de la mochila. Había llevado conmigo diez de mis “pequeñas”. Así llamaba a mi colección de gorras. Las desperdigué sobre la cama…
        -Repetirás pantalón de camuflaje en tonos oscuros, y sudadera…verde, está claro…hace frío…Bien…miré a uno y otro lado de la cama, con serias dudas de cual sería la afortunada.
        Eres tú la elegida…-Dije
        Seria la gorra de los Green Bay Packers, la que conmemoraba sus tres superbowls, la preciosa gorra verde con letras en colores claros y brillantes, que iba a juego, tanto con la sudadera, como con el pantalón. Era algo más vieja que la de los Dallas Stars, que era la otra candidata, y si llovía…En fin
        El día parecía otro, me había quitado un peso de encima…el dilema estaba resuelto.

martes 8 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXIV.-¿Sara en peligro? (II))




        Eran las 5.30 de la mañana, faltaba una hora para que amaneciera.
        -Por Dios María…no madrugues…No puedo pararme a responder preguntas. -Pensó
        Salió distraídamente del bloque hacia la derecha, y comenzó a correr.
        -Hay que estar pirado... A estas horas y con el frío que hace. –Pensaba el hombre, dentro del coche, confundiéndola con un deportista madrugador.
        Sara bajó la Av reconquista y cruzó a la otra acera, para tomar la calle México, haciendo ademán de que se perdería por el Barrio de Santa Teresa. En cuanto estuvo fuera de la visión del conductor, siguió hasta doblar por la calle Colombia, hasta la Av de América. Miró el reloj…
        -No queda tiempo…
        El conductor, daba caladas compulsivas a un cigarro, víctima del nerviosismo. Su compañero se retrasaba…hacía más de diez minutos que se había ido…Tendría que abandonar el lugar…Parecía que había problemas…
        Sara se escondió tras los coches, para ir acercándose a su objetivo.
        El conductor cogió la Beretta 92 que tenía en el asiento, bajo un periódico, y se la enfundó en la cartuchera en el costado. Puso en marcha el Ford negro, abrió totalmente la ventana y lanzó la colilla.
        Sara había reptado, agazapada, bordeando la parte delantera del vehículo, la colilla había caído ante ella, se incorporó sorprendiendo al hombre que intentó, instintivamente coger su pistola. Pero ya era tarde…
        Disparó dos veces…El hombre cayó fulminado sobre el asiento del acompañante. Sara abrió la puerta. Un intenso olor a humo salió del habitáculo
        -El tabaco te va a matar…-Dijo sonriendo.
        Cerró el cristal, paró el motor y cogió las llaves. Intentó buscar algún tipo de identificación, pero no halló nada…Cerró la puerta. Miró a su alrededor…Parecía que nadie había visto nada. Abrió el maletero…
        -Esto servirá. –Dijo cogiendo una manta cochambrosa de color oscuro, llena de manchas, que desprendía un olor muy peculiar, mezcla de gasolina, grasa y aceite.
        Abrió la puerta del copiloto y siguió registrando al hombre muerto, sin encontrar nada, y, finalmente le cubrió con la manta. Abrió la guantera…
        -Limpio…-Pensó
        En fin… toca esperar…-Se dijo cerrando la puerta del coche.
        Media hora después un pequeño camión de mudanzas, aparcaba frente a su edificio. Dos destellos…y Sara se acercó.
        -Dos envíos urgentes. Uno en aquel coche. Otro en mi piso.
        -Bien…la grúa tardará 5 minutos.
        -Un problema…la portera…una cotilla.
        -Tranquila…le daremos un somnífero…- Dijo sonriendo el copiloto del camión.
        El equipo de limpieza entró en el edificio. Uno de los componentes, desmontó rápidamente la mirilla de la puerta de la casa de la portera, introdujo un fino cañón con silenciador de pistola y disparó un gas provocó una pequeña humareda en el interior. Seguidamente volvió a montar la mirilla.
        -Tenemos media hora…Supongo que después de la limpieza quieras mudarte.
        -No me queda otra.
        -Nosotros haremos lo fundamental. La mudanza…cuando decidas.
        Subieron al piso de Sara. El equipo inició una actividad frenética, y mientras unos bajaban el cadáver metido en un gran cesto de mimbre de mudanza, otros limpiaban cualquier rastro de su presencia.
        Sara se cambió y cogió su mochila.
        Volvió a llamar al mismo teléfono…
        -Fénix
        -Nunca duermes…
        -Casi nunca…
        -Trabajo completado. Están limpiando.
        -Alguna idea de quien son…
        -Espero que puedas decírmelo tú.
        -Bien.
        -Iba a ir a pasar el fin de semana con mi madre, al pueblo.
        -Buena idea…pero…mejor coge unos días más…necesito tiempo…
        -De acuerdo…Una cosa… Por la tarde estuve con mi amiga Esther. Echarás un vistazo…
        -No te preocupes. Mando un equipo de protección enseguida.
        -Gracias.
        -Te quiero papá
        -Yo a ti también cariño. Cuídate. Dile a mamá…
        -Ella también te quiere.
        -Buen viaje
        -Hasta pronto…
        -…Una potente borrasca está entrando en la península desde el atlántico que, asociada a la presencia del anticiclón siberiano, que introduce vientos fríos desde el norte de Europa, puede provocar importantes nevadas en la mitad norte de la península desde cotas de 500 m, y en la mitad sur desde los 1.200 m…-Emitía la radio del despertador
         Sara abrió los ojos. Sentía frío a pesar de estar acurrucada en la cama, tapada con el edredón y la manta que le tejiera Paqui. Se desperezó…
        -Desde luego el anticiclón siberiano parece que se concentra sobre el techo del “antro”. ¡Por el amor de Dios! Si puedo ver el vaho de mi aliento…
        Aterida…extendió su mano para coger la bata azul oscura de felpa que estaba al pie de la cama, regalo de Esther, después de que una noche se quedara a dormir en su casa…y, según su versión, estuvieran a punto de amputarle los dedos de los pies por congelación, casi había muerto de frío en aquella “nevera”. Se la puso y se quedó sentada unos instantes, frotándose los ojos y bostezando.
        El suelo estaba helado. Comenzaba a sentir el frío en sus pies a pesar de los calcetines de lana de colores que no se había quitado para dormir. Se puso las zapatillas…De repente, regresaron a su mente las imágenes de aquella noche tan movida…
        -jajaja…No puede ser…menuda sueño…Sara del Mossad…jajaja-Pensaba sin poder contener la risa…
        -No te digo…y mi padre…abogado…”Fénix” mi contacto en Israel…Desde luego menudo día más extraño que he tenido…Cuanta película has visto…-Pensaba
        -Lo de las pistolas…de traca…”Sara Croft”…jajaja- Río de nuevo.
        Se puso en pie y fue hacia la cocina para calentar el desayuno. El suelo crujió al pasar por el salón…Imitó el sonido de dos disparos, mientras apuntaba con el dedo de la mano al sofá…
        -Estás muerto querido…jajaja- Dijo a unos de los cojines.
         Miró el reloj colgado en la pared, tras la nevera…eran las 7.30…
        Fue hacia el cuarto de baño…el frío era más intenso.
        -Pero que demonios…será posible que te hayas dejado la ventana abierta…Sara…si ya hace un frío que pela aquí dentro…Vaya cabeza la tuya. -Pensó
        Se encogió con un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. No recordaba haber dejado la ventana abierta. El vaho de la ducha le había seguido por la casa, y había esperado a que el espejo del baño se desempañara para peinarse…o eso creía.
        -Y si alguien había entrado de verdad…y…que podía buscar allí…
        Todo estaba en su sitio, ella no tenía cosas de valor, salvo sus investigaciones, que lo tenían para ella y pocos más, pocas verían la luz de una publicación. Y ahora estaba investigando sobre las familias judías que abandonaran Toledo en 1492.
        -Efectivamente, ves muchas películas…La abrirías y no lo recuerdas, hay cosas que se hacen instintivamente…-Se decía, aunque durante unos instantes , mientras la leche se calentaba, pensó en su trabajo, en aquella visión de la tarde, en aquella niña, Ayelet y en la carpeta sobre la mesa con las anotaciones que iba tomando en sucio, antes de meterlas en su portátil, donde cada investigación tomaba un nombre en clave, por mero divertimento, por influencia de su pasión por las películas de aventuras y espionaje…y el de ésta,  era “Fénix”.
        Cogió el móvil y mandó un mensaje a Esther…
        -Estoy bien. Voy al pueblo. Besos
        Mientras Sara tomaba aquel vaso de leche caliente, en Cerezal, Luis se enfrentaba al mayor dilema de cada día, a la decisión más importante que tomaba cada mañana en su excitante existencia... que gorra ponerse.

domingo 6 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXIII.-¿Sara en peligro? (I))




        Hacia las dos de la mañana, Sara se había despertado, había apagado la televisión y se había acostado en la cama. Se encontraba bien tras lo vivido aquella tarde tan extraña, en el antiguo barrio judío de Toledo, junto a San Juan de los reyes.
        -Un sueñecito más, y si te encuentras bien, una carrerita mañanera por el barrio de Santa Teresa y… al pueblo. –Se dijo
        Sara se llevó con ella la manta de colores tejida por su madre, y la colocó sobre el edredón. La casa a esas horas estaba helada.
        Frente a su casa, en la misma Avenida Reconquista, horas después, un hombre vestido completamente de negro con una mochila, bajaba de un coche y entraba en su portal sigilosamente. Su compañero tras dar la vuelta en la rotonda, aparcaba a la altura de la confluencia con la Avenida de América, apagando el motor…
        Aquel hombre subió al último piso. Con la ayuda de una pequeña escalera telescópica de cuatro peldaños consiguió abrir la trampilla del techo y salir al tejado. Con una cuerda y un gancho recuperó la escalera…No había que correr riesgos, a pesar de la hora que era…alguien podía salir del piso de enfrente, encontrarse aquella escalera…y quizá llamar a la policía.
         Fijó una cuerda de escalada a una de las chimeneas, se colocó los arneses, y se descolgó hasta la ventana del baño del piso de Sara. De la mochila sacó un cortador circular de vidrio con ventosa e hizo un pequeño agujero por donde introdujo su mano para abrir la ventana. Sin hacer el más mínimo ruido, se descolgó un poco más y se introdujo en el cuarto de baño, se quitó los arneses y la mochila. Sacó de ella unas gafas de visión nocturna, y desenfundó una Beretta 92 con el silenciador ya acoplado. Apretó el botón de llamada del móvil que tenía en la mochila…
        Su compañero recibió el tono, con el móvil en silencio dentro del coche y cortó la llamada. Tenía diez minutos…
        -Esto será coser y cantar. –Pensaba mientras comprobaba que no había ningún movimiento en el pequeño pasillo del piso. Con aquellas gafas…la visión era casi perfecta. Empuñando su Beretta 92, entró en el salón, no había movimiento alguno. Se acercó a la puerta prácticamente abierta de la habitación de la joven y entró. Escuchó el cadencioso y suave respirar de Sara que dormía plácidamente, y se acercó un poco más…hasta el pie de la cama. No podía fallar
        -Dos sonidos consecutivos, dos chasquidos secos…El hombre cayó fulminado sobre la manta tejida por Paqui.
        -Para algo tenía que servir este viejo suelo…Pensó la joven. Había percibido un crujido del viejo parquet de la habitación, crujido tan leve, que al agresor le había pasado desapercibido. A Sara no…Desde hacía diez años dormía con sus dos pequeñas y nostálgicas Walter PPK de cargador extraíble de 8 cartuchos, siempre a mano, una a cada extremo del colchón, perfectamente adosadas dentro de una funda especial giratoria, que le permitía disparar elevando el ángulo de tiro.  Eran las favoritas de James Bond…
        Se quitó de encima aquel cuerpo, en silencio, volviendo a sentir aquel olor metálico, dulce y amargo a la vez de la sangre mezclada con la pólvora. Salió de la cama, pasando por encima de la otra, con la pistola en la mano. Sin encender la luz, descalza, inspeccionó minuciosamente la casa. Salita, cocina y cuarto de baño…
        -Así que por aquí…-Pensó. Su mente comenzó a funcionar a la velocidad de la luz.
        Miró por la ventana…ningún movimiento sospechoso…Trabajaría solo…
        -Mira Sara…mira…
        -Ahí está.
        Un casi imperceptible movimiento en el interior de un Ford fiesta negro...y el ligero resplandor de un cigarro encendido…
        Tienes poco tiempo…
        Cogió el móvil…y marcó un número de teléfono.
        -Está hablando con el contestador automático del Instituto Internacional Sefardí, si desea dejar un mensaje espere a que suene la señal…piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
        Sara no dejó ningún mensaje se limitó a marcar una combinación de letras y números. AR1249AS. La llamada de Sara pasó en el espacio de unos segundos por cientos de centralitas y varios satélites, hasta que alguien recuperó la llamada…
        -Fénix…-Dijo secamente una voz desde lo más recóndito del desierto del Neguev, en una de las instalaciones más secretas del mundo, pertenecientes al Instituto para la Información y los Asuntos Especiales de Israel, el Mossad.
        -Sara…
        -Caray no te habías retirado…
        -Si…pero acaban de intentar “darme el pasaporte definitivo”…
        -Dime…La voz se volvió más grave.
        -Necesito un equipo de limpieza.
        -Bien…pero tardará tres cuartos de hora…
        -Entonces, tengo que encargarme de un asunto…
        -Llámame en cuanto termines.
        -Ah!!!Otra cosa. Limpia este teléfono y camufla los de la agenda… Puede que…
        -Está hecho
        -¿Estás bien?...Está vez la voz se volvió más cercana y preocupada.
        -Sí…Perdona…pero ese asunto…urge…
        -Suerte
        -Gracias…Sara cortó la llamada.
        Registró al individuo y comprobó que no llevaba documentación alguna. Lógico. Se quitó el pijama, ahora ligeramente ensangrentado. Se puso en el muslo derecho una cartuchera especial, y enfundó una de las Walter PPK con el silenciador. Se puso una chaqueta de chándal gris, el pantalón del mismo color, con corchetes, desabrochando parte de los de la pierna derecha, teniendo así acceso al arma, un gorro de lana negro donde disimuló su media melena, y las zapatillas de correr, y salió del piso haciendo el menor ruido posible. 

jueves 3 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXII.-Los vencejos)




      Durante aquella noche me desperté varias veces, y menos mal que tenía una botella de agua de litro y medio en mi mochila. No me apetecía salir de la habitación para beber…y lo necesité...en varias ocasiones. Entre la opípara comida del mediodía, aquel cocido tremendo, y la cena, que no había sido del todo ligera…sin olvidar el acompañamiento de vino y orujo, me habían dejado la boca como un estropajo. A eso de las tres de la mañana, la lengua parecía haber tomado unas dimensiones mayores que las de su habitáculo, y se movía pastosa y lentamente, con gran dificultad, dejando un ligero regusto amargo, que el cepillado de dientes y el colutorio habían enmascarado, pero por poco tiempo.
        Finalmente, a las siete y media me levanté. Seguramente porque ya no quedaba agua para apagar aquel fuego, y porque un sonido musical…me llevó a los años de mi infancia, cuando los vencejos iban y venían, sobrevolando y amenizando las mañanas de olor a lumbre, a carbón, a ceniza, a humo, donde el frío me atería nada más que dejaba de sentir el peso de las mantas sobre el cuerpo, en casa de mi abuela. Asomé a la ventana…y… bendito espectáculo.
        -Eres muy azul…pero nunca igualaras al azul de mi montaña…-Le dije al cielo.
        Los vencejos volaban a gran velocidad sobre las casas de Cerezal, que ante el frío pesado de la mañana, estaban envueltas por el humo de las chimeneas.  Sus estilizadas alas, perfectamente adaptadas para el vuelo, en forma de media luna, y su cola corta de horquilla les daban una movilidad admirable…
        -Como decía Javi que se llamaban…alas…”Falciformes”…Eso es.
        Mi amigo Javi, el ahora veterinario, me explicó una vez como eran aquellos pájaros…Las dos características que conseguía recordar eran las de las alas en forma de hoz, de hay el término falciformes, y lo de la cola corta de horquilla. Luego recordé la pena que me dio aquella vez cuando encontramos un vencejo, joven e inexperto según Javi, que había caído al suelo, y era incapaz de remontar el suelo. Aquel día mi amigo lo cogió, lo acarició me dio una lección magistral sobre la fisonomía espectacularmente adaptada al vuelo de aquel animal, su perfecto diseño y, sobre todo, me enseño aquellas curiosas patas, diminutas, que le hacían tan difícil impulsarse para remontar el vuelo. Javi se subió finalmente a una roca y lo lanzó con decisión al aire. El animalillo, libre, pero supongo que aún asustado y aturdido, cayó en picado, para susto nuestro, para, finalmente, batir sus alas con potencia a escasos centímetros de estamparse contra el césped, volar a nuestro alrededor, durante unos instantes, y perderse entre las calles del pueblo.
        Aquellos chillidos estridentes y repetitivos que emitían, que a algunos les sacaba de quicio, para mi era música celestial. Simplemente me llevaban más de 30 años atrás, a la pequeña ventana de la casa de mi abuela…y…a tantas y tantas preguntas…que aquel día Javi…contestara…bueno no a todas…
        -Verás…pasan la mayor parte de su vida volando, incluso duermen en el aire, reduciendo la cadencia de su aleteo. Dicen que sólo se posan para incubar…ni tan siquiera para copular…
        -¿Qué es eso?
        Javi era algo mayor que yo…aunque la verdad…yo nunca crecí mucho en ese sentido, y siguió hábilmente sin contestar a mi pregunta.
        -Son aves migratorias muy adaptadas a los asentamientos humanos. Como puedes ver…allí arriba…Ves…Son nidos…bajo la cornisa.
        -Caray Javi…cuanto sabes…
        -Leo…sólo leo.
        -Pues yo también leeré.
        Y la verdad, aquellas mini-charlas con Javi sobre naturaleza lo que consiguieron fue despertar mi interés por la lectura. Únicamente los tebeos de 13 Rue del percebe, llamaban mi atención. A aquellas edades, yo tendría unos 9 años, para mi… no había cosa mejor que jugar al Gua con las canicas, o a la peonza, con aquella pedazo de peonza que mi padre me había hecho en el torno, casi indestructible…porque había hecho…”una pequeña trampa”…No era de madera, sino de Fibrotex, aunque quizá no fuera trampa…sino, que no quería hacerme más…Quien sabe. Era la mejor de las que había en el gran círculo de tierra donde jugábamos…nunca un rasguño, perfectamente equilibrada, no se movía un ápice en mi mano, su punta redondeada me causaba un leve cosquilleo, pero ni un balanceo, desde que la subía a mi palma, dejándola pasar entre mis dedos corazón e índice, girando a toda velocidad, con aquel pincho que le había puesto mi padre a presión sobre la parte superior, que daba miedo, presto a sacar a las demás de la gran circunferencia de juego, a golpes mientras girara. Eso si…al lanzarla con todas mis fuerzas, no atinaba a dar en medio del grupo de peonzas contrincantes, cuando salían despedidas y magulladas ante la alegría de mis compañeros.
        Regresé del pasado, con los pies helados, no me había puesto las zapatillas. Me enfundé mi batín granate y me calcé. Me senté en la cama y pensé en que día más extraño el que había pasado.
        -Primero me pierdo…algo que no era habitual, luego conozco a al carpintero, con sus manías y misterios, luego la cantina y Paqui, la casa…extraña, atrayente e incluso misteriosa.
        Entonces me paré a pensar en lo diferentes que era tanto él como la cantinera, del resto de los pocos habitantes del pueblo, que había conocido en la plaza por la mañana, y en la cantina. Ni siquiera su acento o entonación se parecía. Pero ellos me habían dicho que eran de allí…Y la casa…como me había decidido a comprar aquel caserón abandonado en unos minutos…No era normal en mí. Me entraron ciertas dudas, cierto nerviosismo, pánico a lo nuevo…este si que era el Luis auténtico…al de ayer me lo habían cambiado.
        Tuve la tentación de recoger mis cosas y salir pitando en aquel mismo instante, dando cualquier excusa a Paqui y Gervasio, y no volver por allí.
        Pero…
        -Ni siquiera la conoces…No te puede atraer esa chica. Tiene pinta de peligrosa. Es lo que menos te conviene…que tu eres tonto…muy tonto.-Me decía
        Lo reconozco. Tenía curiosidad por conocerla desde que entrara en su habitación. Ella encarnaba todo lo que yo hubiese deseado ser en la vida…un soñador, un aventurero, un optimista, alguien decidido, triunfador…
        -Mírate al espejo. –Me dije
        Agaché la cabeza, me tiré hacia atrás en la cama con los brazos en cruz, y observando las vigas ennegrecidas por el paso del tiempo del techo…pensé.
        -¡Que coño estás haciendo! Si la decisión más importante que tomas a diario es que gorra vas a sacar de paseo. La realidad, la duda, el conformismo, el pesimismo, la monotonía, el fracaso…Ese era el auténtico Luis. Dúchate y desayuna… ¡Vamos! Esas ruinas esperan…luego ya veremos…

martes 1 de diciembre de 2009

Tiempos de Sombras(XXI.-Cena en la cantina de Paqui)




     En Cerezal, y ajeno a aquellos acontecimientos que le habían sucedido a Sara aquella tarde, (aquel torbellino de mujer no entraría en mi vida hasta el día siguiente) aturdido por el sueño que se había repetido en aquella mini-siesta tardía, producida seguramente por el cansancio en colaboración con el orujo, me dispuse a seguir a Gervasio, que finalmente se había “acoplado” a la cena en la cantina de Paqui.
        Volví la puerta de la habitación y, al girarme en dirección a la de Sara, vi, de refilón, tras reflejarse la luz del pasillo sobre el cristal del portarretratos en mi cara, la foto con el rostro de la muchacha.
        -Me parece que tú vas siempre llamando la atención. –Pensé divertido
        De repente, sentí aquella sensación que no tenía desde el último examen de promoción interna del ministerio, de nerviosismo, de inseguridad, de atontamiento, termino que un amigo denominaba con poca rigurosidad académica…”estar apollardado”…
        -Joder, Luis ni siquiera conoces a es chica. No es plan de que te vayan a temblar las piernas antes de tiempo. –Me dije
        Pero había algo en aquel rostro, algo especial, algo diferente, algo triste, vacío, quizá pasado, no lo sé…me transmitían una sensación extraña que se ocultaba tras aquella mirada penetrante de aquellos ojos oscuros y brillantes, como nunca había visto en me vida. Nuevamente el sueño me vino a la cabeza…aquella playa, aquel hombre boca arriba, aquello que brillaba, aquella mujer con la vestimenta sucia socorriéndole…y aquella mirada que sentía por momentos tan familiar, pero desconocida.
        -Siéntate Luis. –Dijo Paqui a mi llegada
        -¿El mismo lugar de esta mañana, Paqui?
        -Donde quieras…
        -Gracias…eres muy amable
        -A mi no me deja elegir. Siempre el lugar más alejado de la chimenea, sobre todo en invierno…Es una…-Estaba diciendo Gervasio cuando Paqui le cortó
        -Estrategia…por supuesto, antes de que se te escape algún improperio. Verás Luis, cuanto más alejado del fuego, antes se va. Así de simple.
        -Caray, parecéis el perro y el gato. –Dije algo incómodo
        -Como comprenderás, con los pocos ingresos de la cantina y… teniéndolo casi de gorrón permanente…
        -Claro…y a ella, siempre se le olvida que yo le hago el mantenimiento de casi todo lo que se estropea en la casa. Y… quién pule las mesas todos los años, y el mostrador, y da barniz…y….
        -Como puedes comprobar, el trabajo de una semana, y tres chapuzas más, cree que le dan derecho a tener pensión completa…
        -Bueno…-quise intermediar-él aportará algo más imagino… y luego, lo comido por lo servido.
        -No te pongas de su parte o sales de estampida de la cantina. –Dijo Paqui muy seria.
        -No por Dios, no me malinterpretes. Quiero decir que él, además, te hace compañía. Y te ayudó con la educación de Sara…según parece.
        -De eso ya no estoy tan segura. Con su padre era una niña tranquila y normal. Cuando se fue, y este viejo se convirtió en mi peor pesadilla…todo cambió. –Paqui me guiñó dando la espalda a Gervasio, que ponía cara de incredulidad.
        -Desagradecida…Es chabacano utilizar a mi princesa en mi contra. Además estoy muy orgulloso de mi labor. Sabes Luis…Su inquietud por la historia, mal que le pese a esta harpía, le viene de mí. De las lecturas que hacía en mi taller mientras yo trabajaba. Pero si además hacía de niñero…-Protestó
        -Niñero…¡Anda ya!... Y siéntate que te voy a dar... -Paqui le soltó un revés con la rodea, que le dio en pleno cuello. –Mientras me guiñaba de nuevo
        -No te dará vergüenza, pegar a un anciano en presencia de invitados. Ándate con ojo…que te denuncio….y, hoy en día, no esta la cosa para bromas…al trullo directamente.
        Comprendí que lo que les unía a Gervasio y Paqui era un lazo mucho más íntimo de lo que parecía. Pese a estar discutiendo todo el día, parecían necesitarse tanto…
        -La mesa la he puesto yo. –Dijo Gervasio orgulloso
        -Con los cubiertos mal colocados,… como siempre.
        -Es curioso…nunca acierto…pero que más dará…
        -Pues hombre… si hay clientes, no da lo mismo.
        -Que tiquismiquis eres…Si lo importante es que no van a dejar nada en el plato…Con lo bien que cocinas- Gervasio utilizo un retintín descarado
        -Pelota… rastrero y glotón. Tan difícil es…cucharas y cuchillo a la derecha, el filo mirando al plato. Tenedores a la izquierda. Los cubiertos del postre delante del plato, perpendiculares al resto.
        -Mujer…si fuera un restaurante de la guía Michelín…pero esto es la Taberna de Paqui…mundialmente conocido en Cerezal y parte del extranjero…es decir en el valle del Jerte, y en los de al lado….-Gervasio rió con todas las ganas, mientras yo apenas pude contenerme. Pasé un apuro terrible porque, a ella, no pareció hacerle mucha gracia…
        Paqui se acercó a la chimenea, jurando en arameo. Parecía que no había quien pudiera con el humor del carpintero.
        -Lo que hay que hacer…para pasar un rato agradable, y cenar por todo el morro, Luis.
        -Como eres Gervasio, como eres. –Sonreí
        Paqui regreso con una cazuela de barro…
        -Con que nos sorprenderá hoy "la Chef"… -Dijo Gervasio ampulosamente.
        -Te vas a callar la boca o te sacudo con el cucharón. –Dijo blandiéndolo con su mano derecha, tras posar la cazuela de barro sobre la mesa.
        -Luis espero que te gusten las sopas de ajo.
        -Por supuesto…Yo las hago mucho. A mi padre le encantaban. Supongo que no tiene mucho misterio…aunque en cada sitio le damos un toque algo nuestro. Yo, sofrío mucho ajo picadito, añado chorizo y jamón en tacos pequeños, y lo rehogo. Luego…una buena cucharada de pimentón y, sin que cambie de color, sin que se tueste, le echo el agua, así conserva un color rojo más intenso. Posteriormente añado el pan…me gusta que esté duro…muy duro si puede ser. Lo corto fino, y a hervir unos minutos, lentamente. Me gusta que se consuma el agua…y que queden muy espesas y suaves…Para chuparse los dedos.
        -Pues estas te van a gustar, son parecidas. Espesas, y con un huevo batido por encima a última hora…le da otro color.
        -Cierto…muy buena pinta.
        -Dejaros de alharacas…Vayamos al grano. -Nos interrumpió Gervasio impaciente.
        Paqui y yo nos miramos, y echamos a reír, mientras Gervasio nos observaba con cara de incredulidad y sorpresa, esa cara de niño travieso, que las arrugas propias de la edad apenas ocultaban, elevando la vista entre sorbo y sorbo…
        -No ha estado mal. –Exclamó en cuanto acabó…-Esto de calentamiento… ¿de segundo?
        -Tortilla de patata. –Dijo Paqui
        -Me encanta. Aunque en esto yo…he tenido que innovar un poco
        -A que te refieres…-Dijo Paqui curiosa
        -A la patata. Yo no la frío. La hago en el microondas con un poco de aceite, para que no tenga tanta grasa. No creas…tengo que cuidarme un poco…Ya voy para viejo.- Sonreí
        -Tendré que probar…Quizá a este narigón le venga bien.
        -Con tal de que sea gratis. –Dijo sin pestañear, metiéndose un gran trozo de tortilla en la boca.
        -Será estragado…¡Que no se va a terminar!. Qué bruto eres…
        -Déjate…Déjate…-Replicó Gervasio, queriendo asegurar su suministro
        Como colofón Paqui nos obsequió con un rico flan de huevo casero de postre.
        La velada se prologó un buen rato, prácticamente hasta las diez y media, cuando Gervasio decidió irse.
        -Está bien…Esto no da para más…-Dijo levantándose
        -Ahora que has llenado el buche…sinvergüenza.
        -En el fondo…no puede vivir sin mí. –Dijo cerrando la puerta de la cantina precipitadamente para evitar el impacto de la rodea que volaba por los aires lanzada por la cantinera.
        Gervasio…volvió a abrir la puerta.
        -Caray…que carácter…Luis, mañana…que planes tienes.
        -Y a ti que más te da…-Dijo Paqui
        -Bueno…quería visitar las ruinas de la iglesia y comenzar a hacer algunas gestiones para la compra de la casa, aunque sea sábado.
        -Perfecto…nos vemos en la iglesia.
        Sin dejarme responder, Gervasio cerró la puerta. Se había auto-invitado a hacer ”turismo rural de ruinas” conmigo, mientras Paqui mostraba su descontento, a pesar de no intervenir.
        -Viejo chocho…aventurero…-Dijo retirándose a la cocina tras desearme buenas noches en la escalera.
        Una vez en la habitación, tras pasar por el aseo yenfundarme mi pijama…
        -Hasta mañana, Dios mediante – Me dije metiéndome en la cama, dándome cuenta que ni siquiera había preguntado si había posibilidad de acceder a Internet en la cantina, dispuesto a comenzar el libro que había traído en la maleta. Unos instantes después, fruto del cansancio de aquel intenso día, me dormí con la luz encendida, mi libro sobre el pecho y las gafas puestas, mientras que en Toledo, Sara soñaba con la luna, con la tele puesta. Nuestro encuentro se acercaba.

domingo 29 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XX.-Sara bajo la luz de la luna)




     -¿Estás segura de que no quieres que te acompañe hasta casa? –Dijo preocupada Esther.
        -No…de veras…estoy bien. Como te he dicho, una aspirina, un vaso de leche, y a la cama. –Le sonrió Sara.
        -Está bien…cabezona…que eres una cabezona. Sólo… prométeme que si mañana estás igual, no irás al pueblo.
        -Prometido. Es más…te mandaré un mensaje si me voy. ¿De acuerdo?
        -De acuerdo. Cuídate guapa.
        Sara se despidió con dos besos, y salió del coche de su amiga. Esther no estaba muy tranquila, pero sabía que discutir con la persona más tozuda con la que se había encontrado en su vida, para bien o para mal, era una tarea poco menos que absurda. Había aprendido con los años a tratar…lo que ella denominaba “El síndrome de la mula del Jerte”, esa particular forma de ser de Sara, que en cuento decidía la línea a seguir en cualquiera de los ámbitos de su existencia, no había manera de hacerla cambiar de idea.
        Sara entró en el portal tratando de pasar desapercibida, ante las curiosas miradas de la portera. Fue inútil…
        -Buenas noches, Sara.
        -Buenas noches, Señora María. -Respondió con premura tratando de alcanzar las escaleras cuanto antes.
        -No tienes buena cara, ¿te encuentras bien? Ay…las jóvenes de ahora…no pensáis más que en fiestas, en beber, en fumar…y…a veces cosas peores…El otro día vi un reportaje en la tele sobre drogadictos. Sabes que hay un porcentaje alto de mujeres jóvenes.
        -¡Argggg! Por favor, es que no se le escapa una. No sé como puede vivir con esa tensión de querer enterarse de todo. ¿Qué… ha visto un reportaje en la tele? ¡Anda ya! Si se pasa la vida, escoba en mano, con la oreja puesta tras la puerta…No tiene ni tiempo para la tele –Pensó.
        -Estoy bien Señora María. Creo que he cogido la gripe…o un catarro. Voy a darme un baño, y a la cama. Pero gracias por preocuparse.
        -Estás muy pálida. Y últimamente creo que has perdido algo de peso. El otro día vi otro reportaje sobre la anorexia en las mujeres jóvenes. Se provocan el vómito. Sara…no habrás vomitado.
        -¡Joder con la señora María! Esta mujer, o es adivina… o pertenece al Mossad…Sara cálmate-Pensó
        -No se preocupe. Como bien, me cuido y hago deporte. En fin, que voy a darme un baño Señora María. Gracias por preocuparse otra vez- Dijo Sara afrontando decidida el primer tramo de escaleras, intentando deshacerse de la curiosa portera
        -Ay…esta juventud. Tanto cuidarse, tanto deporte y luego con esas caras pálida. Pobre hija…mona, pero soltera y sola. Echándose a perder entre libros y papelajos. Esto no pasaba cuando yo era joven…-Decía la Señora María, mientras Sara desaparecía en los siguientes tramos de escaleras, oyendo aquella cantinela de fondo.
        -Por fin…
        Sara cerró la puerta tras ella. La conversación con la portera parecía haberle sacado del letargo. A pesar de todo, no conseguía quitarse esa sensación de angustia que le había acompañado desde que se asomara al muro junto a San Juan de los Reyes, en el antiguo barrio judío. Sabía que era inútil buscar una explicación, pero aquella visión y aquella niña, con aquel bonito nombre…
        -Ayelet, “la elevada”. Que nombre tan bonito, y tan musical. Me resulta tan familiar pronunciarlo…Por qué habré tenido esta experiencia tan dolorosa y cercana. Tendrá que ver con el antiguo barrio. Pero…soy la mujer más pragmática del mundo…Dame papeles, investigaciones y pruebas…No puedes creer en algo así…Pero como explicarlo. Joder Sara…lo has sentido. Venga…será mejor que te des una ducha, aclares tus ideas y te pongas el termómetro, quizá haya sido una ataque de fiebre…nada más –Pensaba atropelladamente mientras ponía la pequeña estufa de dos resistencias que había sobre la puerta del baño, colocaba el suave albornoz malva con las figuras serigrafiadas de Pierre Nodoyuna y su fiel acompañante el perro Patán, junto a su superferrari , “el auto doble cero”, que le hacía tanta gracia, en un taburete junto a la ducha.
        Dejó correr el agua y puso a calentar, al mínimo, la sopa de fideos que tenía preparada.
        -Será mejor que comas algo caliente…
        Regresó al cuarto de baño, se desvistió y se miró al espejo.   
        -Caray…si que estás pálida. No es por disculpar a la portera… estás muy…pero que muy pálida.
        Su rostro fue desapareciendo del espejo a medida que éste se iba empañando por el vahó que desprendía el agua caliente.
        Sara entró en la ducha. El agua comenzó a recorrer su cuerpo. Al principio sintió unos agradables escalofríos fruto de la diferencia de temperatura de su aterida piel y del agua. Luego… se abandonó a aquellas suaves y húmedas cálidas caricias…, que iba mezclando con el ligero aroma del jabón de aceite de oliva que, con una esponja, iba extendiendo con parsimonia por su cuerpo.
        -Ayelet…que nombre tan bonito. Lo que daría por saber que es lo que me ha pasado. Aquella niña, en aquella casas con su familia, aquella tristeza, aquella alma atormentada, cuanto dolor…Pobre niña. Qué le pasaría para sentirse así. Y por qué lo he sentido…Será el pasado…–Se repetía.
        Sara estuvo bajo el agua hasta que se acabó el termo. Cuando empezó a notar que el agua se enfriaba, cerró el grifo mono-mando, lo único moderno que había en toda la grifería de la casa, gracias a que estaba estropeado cuando alquiló el piso, y el casero lo cambió. Prácticamente no se veía nada en el cuarto de baño. La neblina formada por el vapor de agua, sólo era atravesada por la lámpara fluorescente situada sobre el espejo y, tenuemente, por las resistencias incandescentes de la calefacción. A tientas, cogió el albornoz y se seco con suavidad. Durante unos instantes se sentó en el taburete. No le apetecía moverse de allí. En la casa haría frío, y el ambiente que había creado con la ducha, la abrazaba con tanta calidez que le daba pereza salir. Se quitó el albornoz para aplicarse concienzudamente una crema hidratante también de aceite de oliva, por todo el cuerpo y se lo volvió a poner. Poco a poco la neblina artificial se iba disipando, pero el espejo seguía completamente empañado. Por fin salió del baño. El vapor parecía acompañarle, mientras iba ascendiendo hacia el techo, al estar mucho más caliente que el aire de la casa.
        Fue a la cocina. La sopa estaba en su punto. Sin ni siquiera servirla en un plato, comenzó a sorber cucharada a cucharada los fideos, que ahora se habían hinchado absorbiendo el agua, espesándola un poco, como a ella le gustaba.
        Cuando acabó, volvió al baño, tras coger la ropa interior y el pijama de Penélope Glamour, para cambiarse. Estaba segura de que no tenía fiebre. No estaba enferma, ni tenía la gripe ni nada por el estilo, lo cual le inquietó por unos instantes. Se miró al espejo, había recobrado el color. Se secó el pelo, que al tenerlo ahora mucho más corto le daba menos trabajo, y apagó la estufa del baño.
        Se sentó unos instantes en el diminuto salón, cerrando las puertas para que la pequeña estufa de aire caldeara el ambiente, tras encender la tele y apagar la luz.
        A los pocos minutos, ya no hizo falta la estufa. Cogió unos calcetines de lana que le tejiera su madre unos meses atrás, cuya gama de colores llamativos hacía daño a la vista, pero que le daban esa agradable sensación de bienestar, de sentirse más cerca de su casa, y se los puso. Se sentó con los pies recogidos sobre el sofá y miró por la ventana. La luna nueva brillaba en todo su esplendor, pero por poco tiempo. La bruma procedente del río Tajo, comenzaba a engullir el cielo estrellado.
        -Resiste a su fuerza Selene. Resiste…-Pensó Sara, a quien le encantaba ver su luz iluminar la salita.
        -Se tapó con la manta de lana de cuadros que también tejiera su madre en colores llamativos, y se quedó dormida…
        -Descansa Sara, descansa.-Soñaba que le decía la luna, su querida Selene, guiñándole un ojo, mientras en la televisión comenzaba un documental sobre los Reyes católicos y la expulsión de los judíos en España que no vería, envuelta como estaba sobre aquella manta, acurrucada en el sofá, atrapada entre sus sueños y experiencias.

jueves 26 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XIX.-Las lágrimas de Sara)




         Los ancianos de la excursión del Imserso, a los que servía Esther de guía, se habían acercado.
        -Que lástima tan joven y bebida…Esto del botellón va a acabar con la juventud. Mírala, tan mona, sola…Y ahora…nos tocará pagar a todos los contribuyentes la limpieza de la vomitona -Dijo uno señor muy elegante, que disimulaba sus canas con un tinte castaño que resaltaba sobre su piel blanquecina, vestido con una capa negra con el forro interior rojo y una enorme solapa, con un pantalón negro, unos zapatos negros y brillantes, como si hubiera pasado la tarde cepillándolos, y un sombrero.
        -Quizá esté enferma…Tú siempre tan poco considerado…Pero claro como estás acostumbrado a tratar con esas…pelanduscas con las que alternas…algunas noches…tu fama te precede. Te crees que me chupo el dedo.  Drácula…que te pareces a Drácula con esa capa.–Le contestó una señora peripuesta, que ejercía de organizadora de la excursión, que parecía “tenerle unas ganas terribles”, aprovechando la ocasión para deshacerse de quien llevaba todo el viaje intentando buscar, descaradamente, un rollete vacacional con ella, reprendiéndole su actitud.
        -Perdón no era mi intención…-Dijo abochornado, retirándose unos pasos. La señora le había puesto en su sitio en un momento. Había desenmascarado a su pretendiente, pillándole en un renuncio en toda regla, dándole un golpe bajo contundente delante del resto del grupo que, ahora, reía y cuchicheaba a sus espaldas.
        -Señores, por favor…Déjennos un poco de espacio. Todo está bien, vayan hasta la fachada principal. Allí acabaremos la explicación de este hermoso ejemplo del arte gótico Isabelino –Dijo Esther
        -Tranquila Sara. Venga no pasa nada. Debes tener fiebre. Cómo se te ocurre salir de casa estando así. Eres… de lo que no hay. –Esther permanecía abrazada a  su amiga
        Sara, poco a poco, recuperaba el aliento tras aquel mal rato que había pasado en el muro, junto a San Juan de los Reyes, a espaldas del puente de San Martín. La presencia de su amiga parecía haberle devuelto a la realidad. Su mente había dejado de eliminar y crear edificios en aquel mismo lugar, por quien sabe que razón. Aquel paisaje que había visto fugazmente, como si de una pesadilla se tratara, parecía haber sido el causante de su comprometido estado de ánimo, minutos atrás. Pero como explicar aquella sensación de soledad absoluta. Ella nunca se sentía sola, ni estándolo, y sobre todo… aquella reacción…debía estar enferma de verdad.
        -Ya sabes como soy de cabezona. Gracias…ya me encuentro mejor.- dijo mintiendo a medias, sin la mínima intención de contar a su amiga lo que había sentido en aquel episodio de malestar súbito.
        -Te llevo al médico en cuanto acabe la explicación de la fachada de la iglesia. Coloco a los vejetes en su autobús y nos vamos.- Susurró en voz baja dada la cercanía de los ancianos. -Y ya puedes aplazar el viaje al pueblo. No estás en condiciones.
        -Mañana estaré como nueva. Ya sabes que soy la más fuerte…-Bromeó sonriendo Sara.- De verdad…no hace falta que me vea un médico. Una aspirina, y un vaso de leche caliente, y todo solucionado.
        -La más fuerte no sé, pero la mujer con la mollera más dura que conozco, seguro. Por más que te diga…no vas a hacerme caso ¿Verdad?...
        -Lo pensaré…-Volvió a sonreír.
        -¿Esperas aquí?
        -No te preocupes…si eso…me voy paseando. De verdad, chiqui, que ya me encuentro mejor. Estoy para ir al Gimnasio y todo. Mira que si es eso…que no he ido a matar los virus al Gym.
        -Como te odio. Eres terca y tozuda como una mula…Yo no me lo tomaría en broma. Me has asustado sabes. Parecías alucinada.
        -Si tú supieras…-Pensó Sara
        -Venga…está bien, acabas y me llevas a casa.
        -Dame diez minutos.
        -En diez minutos. En la puerta del Cambrón. ¿De acuerdo?
        -¿Llevas el móvil?
        -Si…
        -¿Conectado?
        -Si…boberas. Venga a por el Imserso…-Rió
        Mientras Esther se alejaba, desconfiando por completo del estado de su amiga, Sara, se incorporó, y volvió a asomarse al muro…
        El puente de San Martín era un lugar encantador. Por la noche, los focos de luz, que lo iluminaban, resaltaban sus formas sobre la oscuridad del lecho del río que discurría bajo sus arcadas con calma, acompañado de un rumor apenas perceptible.
        Sara se encogió al sentir una ráfaga de aire húmedo y frío, cargado de la esencia del Tajo. Su mirada, ahora absorta en la contemplación de los cinco arcos que formaban aquel puente medieval, junto a sus dos torreones hexagonales almenados en ambos extremos, buscaba una explicación a su malestar. Algo que no lograba hallar.
        Se giró y sonrió al ver a su amiga prodigarse en su explicación de la fachada principal de la iglesia, mientras se alejaba en dirección a la puerta del Cambrón.
        …Cabe destacar lo enormes contrafuertes que separan las capillas en el interior, los ventanales de la parte superior que iluminan la nave central, como vimos anteriormente en el interior, y si se fijan bien, el estilo gótico Isabelino, nos ofrece una rica decoración a base de pináculos, cresterías, estatuas y escudos, y nos aporta un elemente decorativo más novedoso como son las bolas isabelinas. Ustedes que, si no me equivoco, vienen de Valladolid, tienen un magnífico ejemplo de este arte en la fachada del la Iglesia del convento de San Pablo. Espero que les haya gustado la visita, muchas gracias. Les acompaño hasta el autobús. –Terminó con cierta premura
        La señora que había reprendido anteriormente al hombre de la capa se dirigió a ella.
        -Ni hablar. Ve con tu amiga, parece necesitarte. Gracias por todo guapa. No te preocupes sabré llevar a esta caterva de carcamales a sus asientos –Rió
        -Gracias. He pasado una tarde muy agradable con ustedes. –Dijo agradecida la guía- Voy a llevarla a su casa. Debe tener la gripe o algo de eso. Es algo tozuda…
        -Hasta otra. –Respondió la señora dándole dos besos, y alejándola del grupo intencionadamente para que no perdiera el tiempo en despedidas forzadas.
        Sara se giró a la izquierda antes de cruzar la puerta del Cambrón. Ante sus ojos…había una casa que no existía en la realidad, o en su realidad, ya no estaba segura de nada. Una familia cenaba a la luz de una solitaria vela. Una niña, apenas conseguía ocultar sus lágrimas a sus padres y hermano, mientras mordisqueaba un trozo de pan ácimo, bajo el cual había un plato de sopa y un trozo de pescado, quizá escabechado. Sara parpadeó varias veces, intentando quitarse aquella visión. La niña giró su cara, como si percibiera aquella presencia extemporánea. Sus miradas se encontraron. Sara instintivamente levantó tímidamente su mano derecha, siendo consciente que estaba saludando a una alucinación, pero sin poder evitarlo. La niña le sonrió…
        -Ayelet…Estamos cenando. ¿Qué haces? –Dijo Eleazar, su padre.
        -Nada padre. Estaba pensando
        -Come algo más, hija, por favor.
        -No tengo hambre.
        -Vas a caer enferma…Acaba la sopa, y como algo de pescado.
        Ayelet volvió a mirar hacia la calle, dedicando una breve y furtiva sonrisa de despedida a Sara, quien seguía allí… perpleja
        -Sara…Sara… Qué haces ahí como un pasmarote. Estás acarajotada…Vamos a casa. –Dijo Esther zarandeándola y sacándola de su visión.
        -Ayelet…Se llama Ayelet…
        -Es un nombre precioso. De origen Judío, significa “la elevada”.
        La niña se llama Ayelet…
        -¿Qué niña?
        -No sé…Llévame a casa por favor. Estoy muy cansada. –Dijo Sara.
        -Joder Sara. Si que te ha dado fuerte la gripe. No será la famosa gripe A…
        -Lo siento mucho pequeña. Mi pequeña Ayelet… -Pensaba Sara sin saber ni siquiera porqué lo hacía, únicamente porque había sentido por unos instantes el dolor que ocultaba aquella niña, sin escuchar a su amiga, ya en su coche, de regreso a casa, mientras la estela de unas lágrimas brillaban sobre sus mejillas.

martes 24 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XVIII.- El dolor de Sara)



Puente de San Martín. Toledo


       Sara inició la empinada subida de la calle Duque de Lerma, hasta llegar frente a la fachada del Hospital Tavera.
        - A ti te tengo muy visto – dijo dirigiéndose con una sonrisa a de su centro de trabajo, el Archivo histórico de la nobleza. Giró entonces su mirada a la izquierda…
        Toledo, de noche, desprendía una imagen única y especial. Iluminada por cientos de focos, le daban ese aire intemporal, que ella adoraba. En primer plano, el Paseo Merchán, con sus quioscos ya cerrados por la llegada del otoño, presentaba un aspecto fantasmagórico lleno de sombras. Con la hojarasca formando un manto ocre en el suelo, estaba lejos de ser aquel lugar lleno de bullicio de las tardes estivales, cuando parte de la ciudad se refugiaba al abrigo de la arboleda, en busca de un lugar fresco o de una terraza donde sentarse y tomar una horchata, un granizado de limón, o una cerveza helada, mientras los niños correteaban libremente por los alrededores. Al fondo, la impresionante Puerta de Bisagra, con sus colosales torreones, parecía desafiarla, invitándola a pasar bajo ella. A ambos lados, las murallas, abrazaban y envolvían el casco antiguo convirtiéndolo en un conjunto vivo, recogido en su interior.
        Sara huía, cuando las circunstancias se lo permitían, de los clásicos lugares turísticos. Por eso guardaba como oro en paño “su ruta”, algo que no compartía ni con los amigos más íntimos. Era una forma de recogerse, de encontrarse con ella misma, de pensar, cuando lo necesitaba. Para ella, era la mejor forma de luchar contra el estrés y la ansiedad. Allí recobraba la fuerza que su trabajo le arrebataba, regresando, de alguna forma, a su particular mundo de aventura.
        Aquella pequeña ruta le llevaba a través del barrio de las Covachuelas, y La Antequeruela
        Cruzó la calle Cardenal Tavera para adentrarse en las Covachuelas a través de la calle Carreteros. Como casi siempre, paró unos instantes en la Plaza Honda y cerró los ojos…
      -Soy Sara, la gladiadora…Ave Cesar…Morituri te salutant. – Dijo 
     -La verdad es que cualquiera que me vea en el centro de la plaza hablando a las estrellas…pensará que mi estado mental deja mucho que desear. Aunque, por otra parte, ya me conocen…- Esta vez pensaba mientras sonreía.
        En el momento que abría los ojos la magia del momento, de sentirse en el centro de la arena del Anfiteatro de Toletum, desaparecía.
        -Cuesta creer que esto fuera un anfiteatro…-Pensó…en fin.
        Siguió calle Honda abajo, cruzó la Ronda del Granadal y se acercó a la orilla del Tajo para, desde allí, observar la silueta del Puente de Alcántara, el Castillo de San Servando y la Academia militar, antes de entrar por la Puerta del Vado a su rincón  particular…en la Antequeruela.
        Antiguo barrio artesano, La Antequeruela despedía medievalidad por todos los costados. Eran aquellas callejuelas estrechas, que transitaba con parsimonia, las que más cariño tenía de toda la ciudad.
        -No tiene precio, esto no tiene precio. –Se repetía, a pesar de que la escasa iluminación recreaba una imagen fría y lúgubre que, por supuesto, a ella le encantaba.
        Tras recorrer, según ella, los lugares preferidos de su ruta, la Plaza de los Alfares y el Callejón del Cura, salió a la empinada cuesta de Azacanes para, desde allí, volver a la Puerta de Bisagra a través del Real del Arrabal y, quizá, volver a casa.
        De nuevo regresó ese remusguillo en el estómago, esta vez acompañado de un escalofrío…
        -No irás a caer enferma. –Pensó
     Instintivamente, subió el cuello del suéter, metió las manos en los bolsillos más grandes de su “cazadora de las mil cremalleras”, y encogió los hombros, mientras un nuevo escalofrío recorría su cuerpo.
        -No fastidies…Sara. Ni lo pienses, la gripe no…
        Salió por la puerta de Bisagra, con la intención de regresar a casa bajando a la izquierda hasta la Av Reconquista, pero se detuvo ante la puerta de Alfonso VI con su arco dovelado de herradura con dintel, algo que le parecía muy curioso, y decidió subir por el paseo de Recaredo, recorriendo esa parte de la muralla hasta la Puerta del Cambrón, por supuesto, sin utilizar las escaleras mecánicas, nunca lo hacía. Durante ese trayecto paró varias veces. Se sentía extraña y algo cansada, no terminaba de entrar en calor, pero de esta manera pudo admirar aquella bonita vista de las ruinas del circo, y el barrio de Santa Teresa, a sus pies.
        Cruzó la puerta del Cambrón intentando imaginarse como sería tanto la puerta que se llamara de los judíos, como el barrio entero, antes de su expulsión. Aquel tema siempre le atrajo de una manera especial, sobre todo por las historias que le contara Gervasio de niña. Su mente comenzó a edificar y derruir casas a una velocidad vertiginosa, hasta que consiguió hacer desparecer de su mente hasta la preciosa e imponente mole de la iglesia de San Juan de los Reyes. Se acercó al muro para contemplar el puente de San Martín, sobre el Tajo, su favorito. Respiró hondo y cerró los ojos…
        -Puedo sentirlo…-Pensó- El bullicio del barrio judío, los artesanos trabajando junto a las puertas de sus negocios, el tintineo de las herramientas, las pequeñas fraguas, el olor del barro de las cerámicas y el del pan ácimo, las monótonas voces de los rabinos leyendo la Torá y el Talmud, los niños correteando, la alegría y la vida de las calles…
        Pero…de repente…el silencio más absoluto.
        Abrió los ojos. Un vacío doloroso repleto de tristeza, de nostalgia, acompañado de un insoportable escalofrío recorrió su cuerpo. Era como una puñalada asestada en lo más profundo de su alma, una puñalada llena de odio, desesperanza, incomprensión, injusticia, rencor. Por primera vez en su vida sentía la soledad más absoluta.
        Sara se sentó en el muro. Estaba aterida, temblaba de frío y miedo… y vomitó. Mientras las lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas, miraba hacia los lados sin ver nada ni a nadie, como si fuera presa de una alucinación.
        … Esther, guía turística en Toledo, explicaba la fachada de San Juan de los Reyes…
        …Y en este lateral, cuelgan cadenas que simbolizan la liberación de esclavos cristianos en manos musulmanas en la conquista de Granada…
        -Sara, cariño… ¿Qué te pasa? Esther corrió hasta donde estaba su amiga, a quien acababa de ver a unos metros, junto al muro encogida y sollozando.
        -Dios mío… Esther…Lo he sentido…lo he sentido.
        -Por Dios, no me asustes. ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? Estas sudando. Te llevo al médico ahora mismo.
        -No…ya se me pasará. Estoy bien.
        -Lo dirás tú. Ven aquí. –Esther abrazó a su amiga.
        -Una niña…era sólo una niña. Por Dios, Esther cuanto dolor, cuanto sufrimiento…era sólo una niña…-Repetía desconsolada.




Hoy me han presentado en el blog  A Corazón abierto os dejo el enlace pos si quereis pasaros. 
Bésix y abrázox

domingo 22 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XVII.-La inquietud de Sara)


Ruinas del circo romano de Toledo
            
            Toledo...en la actualidad...


       Sara recibió con cierta ansiedad la segunda llamada de Gervasio, en la que éste le informó que, aquel muchacho se quedaba en la cantina, que parecía interesado en el pueblo, en la “casa del judío”, e incluso le había adelantado el pequeño descubrimiento que el joven hiciera en su visita al caserón, sobre la viga de  la habitación que daba al desván.
        Llevaba unas semanas tomándose las cosas con más calma. Había trabajado duro en la preparación de la exposición “Tesoros ocultos” en la que participaban tanto el Museo del Greco como el Archivo Histórico de la nobleza, donde ella estaba empleada, en aquel recinto bello y espectacular, el Hospital Tavera. Se había dedicado, durante meses, a buscar documentación sobre los nobles que salían retratados en las obras del famoso pintor, para ambientar la exposición y, había localizado, entre aquellos miles de legajos, algunos tesoros que, finalmente, vio expuestos con orgullo.
        Gervasio siempre la llamaba los viernes por la mañana, quizá con la esperanza de que el fin de semana fuera a pasarlo con Paqui y él. No era esa su intención en un principio. Ella se había planteado un fin de semana tranquilo de lectura, café con alguna amiga, quizá alguna película en el cine, algún paseo por el casco antiguo de Toledo…y poco más. Pero la presencia de aquel joven la dejó algo inquieta. Nadie mostraba el más mínimo interés por Cerezal de Jerte. Gervasio hablaba con casi todo el que pasaba por allí, pero normalmente eran aquellos excursionistas con sus “mochilas de colores chillones” como él decía, con menos inquietudes históricas que un caracol de montaña hambriento.
        Pero… que su querido “carpintero narigón”, como le llamaba cariñosamente, mencionara a alguien que le había parecido diferente a los demás, y que había mostrado interés, siquiera en pasearse por el pueblo, le había llamado la atención. Por eso la segunda llamada le había creado un remusguillo extraño en el estómago, el nerviosismo intuitivo de que algo iba a ocurrir. El mismo nerviosismo que sintió el día que colaborara en el hallazgo del título de montero mayor del reino, de alonso Martínez del Espinar, en 1644, en época de Felipe IV,  que serviría para acompañar al retrato que el Greco había pintado sobre él en la exposición.
        Decidida a viajar a Cerezal el sábado por la mañana, anuló el café que tenía previsto para el día siguiente con una compañera de trabajo, y comenzó a preparar su “macuto” de fin de semana, así denominaba al poco equipaje que preparaba para ir a casa de su madre. Al fin y al cabo, allí tenía de todo.
        Sara llevaba una vida austera. Vivía en un último piso de la Av. Reconquista, muy cerca de su lugar de trabajo, de alquiler, en aquellas que fueran residencias militares. Se había decidido por él, por la cercanía al Archivo Histórico, pero, por supuesto, no era su decisión definitiva. El piso necesitaba una reforma, la verdad…necesitaba muchas reformas, dejaba mucho que desear. En verano el calor era insufrible, y en invierno, sin calefacción, no había estufa capaz de calentar aquel sitio. Tras un pequeño pasillo la cocina se abría a la derecha… con lo imprescindible, con suelo de baldosa amarillenta por el paso de los años, quien sabe si cuando se puso allí, fuera blanca. Tenía una vieja nevera, unos armarios del mismo color de las baldosas del suelo, quizá también debido al paso del tiempo, el fregadero y una cocina de gas, con el horno estropeado. A continuación, el cuarto de baño, sin bañera, con plato de ducha, con una estufa de resistencia sobre la puerta, y la lavadora.  A la izquierda, una pequeña salita con un viejo sofá, una mesa camilla, varias sillas, y un mueble que prácticamente no utilizaba, salvo para albergar en su hueco central la televisión. Tras una puerta, su habitación, con una cama grande, una mesa donde situaba el ordenador, tres estanterías, insuficientes para todos los libros que tenía, y que, ordenados por temas, esperaban tiempos mejores apilados en el suelo junto a la única mesilla, y un gran armario, la verdadera joya de la casa, donde cabía casi todo…dado que ocupaba, con sus cuatro puertas, toda lo largo de la pared derecha de la habitación. Tanto el dormitorio como la salita tenían suelo de parquet…por decir algo. No tenía apenas color, ni brillo alguno, en algunos lugares… incluso las maderas se hundían más de lo “normal” al pisar.
        Cuantas veces se decía que ese sería el último mes en aquel cuchitril…que había alquilado con prisas, provisionalmente. Pero prorrogaba la búsqueda de otro mejor. Era algo que le producía una inmensa pereza.
        Tenía preparado todo, incluso una cena ligera, con una sopa de fideos para entrar en calor, y la mitad de la tortilla de calabacín y berberechos que había hecho el día anterior, y que aguardaba en la nevera el momento de “desaparecer del mapa”, como ella decía de aquellos platos que realmente le encantaban.
        No eran más que las ocho de la tarde y no pudo quedarse en casa. No le apetecía ver la tele, ni leer y estaba cansada del ordenador, incluso ya había mirado el correo electrónico. Decidió entonces dar un paseo. Fue al cuarto de baño, se colocó con gracia la melena corta que llevaba desde hacía unas semanas, cuando decidiera, de repente, cambiar un poco su estilo, dándole un aire más juvenil, con aquella melena corta y redondeada que, según todos decían, le quedaba genial.
        -No seas presumida. Es un paseo…deja los brochazos para otro momento. No vas de fiesta, ni a impresionar a nadie.-Dijo mirando al espejo dándose únicamente un retoque con el pintalabios rojo-cereza que tanto le gustaba.
        Seguidamente, se quitó el pijama azul claro, su preferido porque llevaba aquella imagen en la parte delantera de Penélope Glamour, con su auto loco color amarillo y rosa y su sombrilla, con la protagonista con su melena rubia al viento. Se puso una camiseta y un suéter rojo, un pantalón vaquero negro ajustado, que según Javier, compañero de trabajo, investigador, amigo y ex-pretendiente, tras darle varias calabazas en los últimos meses,  le hacía “el culo más perfecto sobre la faz de la tierra”.
        Se puso unas zapatillas de deporte negras y rojas, su cazadora negra de las “mil cremalleras”, así la llamaba por la cantidad de pequeños bolsillos que atesoraba, se miró al espejo y se dio la vuelta, mirándose presumida el trasero…
        -Vaya para tus 32…para una mujer, “ya no tan joven”, no está mal…al menos con este pantalón. –Dijo, siendo consciente de que no estaba mal con o sin pantalón, de hecho mantenía los glúteos en su sitio, además del resto de curvas de su cuerpo, que si no muy llamativas, estaban colocadas en su lugar preciso. Era algo genético, aunque también ayudaba que Sara se mantenía en forma, iba regularmente al Gimnasio donde había encontrado el equilibrio, gracias a un buen asesoramiento entre el ejercicio cardiovascular y el trabajo contra resistencia…Le gustaba esta forma algo pedante de definir los ejercicios propiamente de fuerza, de pesas…que diría un profano en la materia. Pero ella había leído, y estudiado algo sobre el tema…
        Cerró la puerta del “antro”, apelativo cariñoso con el que se refería a su piso, bajó las escaleras y saludó a María, la vecina cotilla, que según ella todos los edificios tenían, de quien pensaba que en el momento que se abría o cerraba una puerta del bloque, salía con su inseparable escoba a barrer un reluciente rellano del bajo, que no necesitaba ser barrido. Salió a la calle, respiró hondo, miró hacia la izquierda, donde se situaban las ruinas del circo romano, al otro lado de la calle, y decidió ir hacia la derecha para subir por la cuesta de la Calle Duque de Lerma, el mismo trayecto que hacía todas las mañanas para ir al Hospital Tavera a trabajar…luego improvisaría…

jueves 19 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XVI.-El sueño de la Torre)





      Gervasio había dejado mi bolsa de deporte junto a la puerta de la entrada. Era una pesada puerta de madera, unida al marco por tres grandes bisagras que supuse chirriarían cuando la entornase…pero no fue así. Giré la llave de la luz, de esas antiguas de madera, y la sencilla lámpara del techo, de una sola bombilla, iluminó tenuemente la estancia.
        Cerré la ventana. El aire frío dejó de entrar con fuerza en la habitación. La curiosidad me pudo, y comencé a buscar la esquina por donde pasaría la chimenea. El calor la delató.
        En la habitación había dos camas juntas, quizá para aprovechar más el espacio, con dos mesillas a los lados sobre las cuales, sujetos a la pared, pendían sendos plafones, que no pegaban mucho con el resto, por su modernidad. Las camas parecían robustas y estaban cubiertas por dos edredones de tonos tostados. A la derecha de la puerta había un gran armario donde poder colgar la ropa y, a la izquierda un sinfonier del mismo color marrón oscuro que la puerta, el armario, y la estructura de la cama.
        Estaba cansado. Extendí sobre la cama uno de esos trapos de emergencia que siempre llevaba, para lo que pudiera surgir, en uno de los laterales de la bolsa del equipaje, y puse encima, tanto la mochila como la bolsa de deporte. No quería manchar los edredones. Aún faltaba una hora para la cena y me tumbé en la otra cama.
        -¿Se notará el orujo?-Me pregunté
        -No es para tanto. Han sido unos chupitos y, tras el paseo, pareces despejado –Me contesté comprobando que mi entorno se mantenía totalmente estático.
        Apagué la luz…Por la ventana penetraba la ligera claridad que producía una de las luces que iluminaba la plaza. Pronto mis ojos se acomodaron a la nueva situación, y pude contemplar el armazón de madera del techo, con varias vigas atravesándolo de lado a lado…
        -Aquí no se andan por las ramas a la hora de construir algo duradero. –Sonreí
        Poco a poco, un ligero y agradable sopor fue adueñándose de mí. La combinación de un día de turismo, junto con el madrugón que me había dado, las horas de carretera y la larga sobremesa, orujo incluido…pudieron conmigo…
        …El paseo me había llevado a la Torre, siguiendo la línea de la costa. Era un lugar muy especial. La estructura piramidal de la torre de vigilancia erigida en el Siglo XVI contra la piratería, de base cuadrada, se mantenía en pie orgullosa y desafiante al paso del tiempo. Realizada en mampostería irregular, únicamente alrededor de las ventanas, desde donde oteaban el horizonte los vigías, se utilizó el sillar. De cuatro metros de lado en su base, y de ocho de altura, era maciza hasta los tres metros. Sobre esa estructura se habilitó la zona de vigilancia. Rematando la construcción, lo que debió ser la techumbre, que había que imaginársela. Solía parar un rato allí para comer un bocadillo, y extasiarme con el bonito atardecer otoñal en el mediterráneo.
        El sol acariciaba mi piel con suavidad, yo no calentaba. Su silueta se enrojecía y transparentaba a través de la ligera bruma que, poco a poco, parecía ir adueñándose del entorno. El mar en calma estaba salpicado de barcas aquí y allá. La temporada del calamar había comenzado, y la monótona superficie del agua estaba manchada de puntitos negros hasta donde alcanzaba la vista. El oleaje, casi imperceptible, no dejaba más sonido que un ligero murmullo al romper en la costa de las calas y acantilados cercanos.
        Entre bocado y bocado, observaba el cambio del color del cielo, que del azul claro que pude apreciar durante el paseo, iba palideciendo a medida que el sol se acercaba a la línea del horizonte.
        Entre las nubes de ligera bruma que iban creciendo irregularmente, como manchas blanquecinas que iban atrapando el paisaje, en la cala más cercana, un hombre yacía, aparentemente sin sentido, en la arena, con un pantalón gris roto que no conseguía tapar sus pantorrillas, con el torso desnudo, boca arriba. A su lado una joven con la cara tiznada, de aspecto harapiento, con un vestido que hacía mucho tiempo que había perdido su color blanco, intentaba arrastrarle hacia el interior para que el oleaje dejara de cubrir, con su ir y venir, la cara de lo que parecía un naufrago. Mi curiosidad aumentó cuando ella se puso en pie, y sentí que me miraba. Me tranquilicé al ver que el hombre se movía. Con uno de sus brazos se tocaba el pecho, como si buscara algo…Ella le ayudaba…Eso es… le estaba ayudando a agarrar algo que pendía de su cuello. De repente un destello…algo brillante…me cegó. Una joya, un colgante, un amuleto…¿Qué era aquello que despedía aquel brillo desde el pecho de aquel hombre?...
        -Maldita sea…Otra vez ese sueño.
        Me había quedado dormido sobre la cama de la habitación de la cantina, y había vuelto a tener aquel sueño que se repetía, desde el día que decidí cambiar el destino de mis vacaciones. Fue un cambio repentino de decisión, fruto de la casualidad. En la estantería de mi biblioteca había una guía del casco antiguo de Cáceres, que mi madre me había traído, hacía años, de una visita que hizo a aquella ciudad. No sé porqué, la abrí, leí algunas cosas, y decidí cambiar de idea. Esa misma noche me desperté tras aquel sueño, al que no dí ninguna importancia, por supuesto, pero que se había repetido varias veces en las últimas semanas.
        Sobre aquella cama me sorprendí intentando encontrar alguna relación entre aquello y el viaje que estaba haciendo…pero… es que no la había.
        -La torre está cerca de casa. Vas de vez en cuando. Sabes que es temporada de Calamar porque te lo ha dicho tu amigo Quico, y las barcas las has visto cientos de veces, tanto de día, como sus parpadeantes y difuminadas luces de noche. No sé que relación puede haber entre eso… y que estés aquí y ahora…Es que no la tiene. No es más que un sueño. Pero esas dos personas, sin que cambie un ápice la escena…Quizá debas buscar una interpretación si es que el tema empieza a agobiarte. Pero dicen que los sueños son en blanco y negro…y ves los colores perfectamente…o te lo imaginas después, los has visto tantas veces… Vamos déjalo…ponte en marcha y a cenar. Hay que acostarse pronto. Mañana puede ser un día muy largo.
        Toc-toc
        -Si.
        -Luis la cena está lista. La cantina está cerrada. – Dijo Gervasio
        Abrí la puerta.
        -Gracias…Me había quedado traspuesto. ¿Te quedas?
        -Me he auto-invitado…Quizá podamos seguir hablando…de nuestras cosas…ya sabes.
        Gervasio entornó la puerta a sus espaldas y habló muy bajo…
        -Creo que Paqui ya sabe que viene Sara. No me dirige la palabra. Ni siquiera me ha contestado cuando le he dicho que si podía quedarme a cenar. Ufff ¡Que mirada! Me ha cortado el cuello con ella.
        -Paqui os conoce muy bien a ti y Sara…me temo
        -Es lista “la muy jodida”. Pero que muy lista…- Dijo Gervasio sonriendo tras su nueva travesura, cogiéndome del hombro, e invitándome a bajar a la cantina

martes 17 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XV.- Tumulto en la sinagoga)




     En algún lugar de la judería vieja de Toledo, junto a la Puerta de los Judíos, mediados de mayo de 1492( mediados de Siván de 5252)

        El joven Isaac junto a su inseparable amigo Samuel, gritaban el nombre de Eleazar, cabeza  de la familia Benamí, padre del primero, medico respetado y conocido en toda la judería, mientras corrían en dirección a su casa, donde tenía su modesta consulta, en busca de ayuda.
        La muchedumbre se iba agolpando a las puertas de la Sinagoga  Samuel Ha-Levi…los inevitables disturbios habían acabado con unos pocos heridos, gracias a la intervención equilibrada y providencial del Rabí Elías, que en su afán mediador, se había llevado la peor parte, al dar con su cabeza sobre uno de los escalones de la entrada..
        -Padre…hay heridos…en la sinagoga…-Decía el joven Isaac atropelladamente
        -Tranquilo hijo…Recupera el resuello y explícate…
        Eleazar observaba con estupor la cara desencajada de los dos muchachos, que a duras penas se recobraban, tanto del esfuerzo, como del susto.
        -Padre…Samuel y yo fuimos a la sinagoga. Esperábamos fuera a que acabaran las oraciones para entrar…sabes cuanto adoramos ese lugar al atardecer.
        Eleazar siempre recordaba con especial cariño la forma apasionada con la que su hijo describía el interior de la sinagoga con su precioso armazón de madera; como le impresionaba la forma en que la luz penetraba por aquellos arquillos al atardecer, iluminando de aquella forma tan especial la estancia; como hablaba de las yeserías policromadas con sus motivos vegetales, tan realistas, como hablaba de lo bonita que era la tribuna de mujeres; o como observaba el arca que contenía los rollos de la Torá, en el tabernáculo de la entrada, situado tras tres preciosos arquillos polilobulados.
        Atropelladamente el joven Isaac sacó a su padre de sus pensamientos…
        -El rabí, leía el Talmud, cuando unos monjes cristianos entraron buscando convertir a alguno de los fieles. Comenzaron a decir que donde estaba nuestro Dios, quien de nuevo nos había abandonado, riéndose de su nulo poder, y animando, a los allí presentes, a abrazar su religión.
        -Eso no es nada nuevo…pero algo debió pasar.
        -Padre…Día tras día desde el decreto de Expulsión, el nerviosismo se va apoderando de nuestro pueblo. A los jóvenes nos cuesta cada vez más no revelarnos ante cosas tan injustas…
        -Isaac…ya hemos hablado sobre eso…
        -Lo sé Padre…
        -Y que sucedió…
        -Varios jóvenes comenzaron a increpar a los monjes, que fueron arrinconados en una esquina y golpeados. Si no llega a intervenir el Rabí, aquello acaba en linchamiento…
        -Lo que nos faltaba…
        -Finalmente…El rabí consiguió calmar los ánimos de la juventud  que comenzó a empujar a los monjes, arrastrándolos hacia la salida, donde, entre tanto alboroto, se formó un pequeño tapón en la puerta, donde quedó  atrapado el Rabí, junto a algunos de los fieles. Los monjes echaron a correr en dirección a su “Catedral”, una vez que se vieron libres, mientras en la puerta algunos de nuestros amigos caían, y eran pisoteados por los que empujaban desde dentro, presa del pánico. El rabí se golpeó con un escalón. Algunos otros fieles tienen contusiones y magulladuras por el tumulto.
        No hizo falta que Isaac continuara con los hechos, ni que Eleazar fuera hacia la Sinagoga. Unas decenas de fieles se dirigían hacia su casa, acompañando al Rabí, con la cara ensangrentada
        -¡Esther! De prisa…hace falta abundante agua hervida y paños limpios…no sabemos cuantos heridos hay…Que te ayude Ayelet…
        Esther era la fiel esposa de Eleazar y amorosa madre del Joven Isaac, que contaba 15 años y de la preciosa Ayelet, que con 13 años, esperaba su boda con ilusión. A pesar de lo precipitado del hecho… se había adelantado su unión, para que abandonara la ciudad con su nueva familia.
        Eleazar había tomado el mando de la situación…
        -Isaac…haz una selección de los heridos, y ve atendiéndolos, que Samuel te ayude…
        -Pero señor…yo no sé…si…De hacer pan…lo que quiera… pero de atender enfermos…
        -Isaac te dirá lo que tienes que hacer. Por lo que decís, la peor parte se la ha llevado el Rabí, luego le hacéis pasar en cuanto llegue. Voy a prepararlo todo.
        La consulta de Eleazar se convirtió en una máquina al servicio de la castigada comunidad judía toledana. Ayelet atizaba el fuego, y calentaba el agua, mientras su madre llevaba el líquido, ya hervido, a su hijo y Samuel, situados improvisadamente junto a las escaleras de la casa, muy cerca de la Puerta de los Judíos, y a su marido, que comenzaba a limpiar y suturar la profunda herida que el rabí tenía en la cabeza.
        Samuel preparaba paños limpios y los iba mojando en agua. Isaac limpiaba las heridas, y aplicaba ungüentos básicos que su padre utilizaba como remedios para todo, principalmente para golpes que no revestirían más importancia que el inevitable moratón.
        Poco a poco los ánimos se fueron calmando y, de las decenas de fieles encrespados que acompañaron al Rabí, y al resto de heridos, apenas una veintena permanecía junto a la casa de los Benamí, todos ellos ya atendidos por la familia, casi todos con leves contusiones.
        -La cosa se ha puesto fea mi querido Eleazar. Estoy triste…me veo incapaz de proporcionar a los nuestros la calma espiritual necesaria para superar la pesada prueba que nuestro Dios nos ha impuesto. Me cuesta decirlo, pero siento que la fatalidad…nos está comenzando a gobernar. Y esa fatalidad, lleva a la desesperación y la violencia. Es lo que menos deseo para los nuestros…pero…me veo incapaz de afrontar este nuevo reto.
        -Mi querido amigo. Una vez más tu modestia se convierte en virtud. De nuevo has intervenido y, no sólo has salvado la vida de esos monjes entrometidos, si no que nos has librado de las represalias que seguramente hubieran llegado por parte de las autoridades. Ha habido unos pocos heridos. Te has llevado la peor parte…Tranquilo tu cabeza…quedará completamente sana en unas semanas. Sigue siendo dura…tan dura como cuando de niños correteábamos por estas mismas calles rompiéndonosla a diario.- Eleazar intentaba cariñosamente de animar al Rabí.
        El rabí Elías levantó la vista buscando el cobijo de la mirada de su amigo de la infancia. Sus ojos se nublaron con unas lágrimas que se empeñaba en contener. Eleazar se dio cuenta, y comenzó a recoger el material médico que estaba desperdigado por la habitación, mientras, desde la ventana, daba las últimas instrucciones a Samuel y su hijo, que ya habían terminado de atender en la calle. Instantes después regresó junto al Rabí…
        -Sé fuerte, no es más que otra prueba. Una vez más nuestro pueblo la superará. Hay que tener más fe y esperanza que nunca. Se avecinan tiempos difíciles, y un viaje, que quien sabe donde nos llevará…
        -Lejos…demasiado lejos de nuestra querida Sefarad… y quién sabe si para siempre -Sentenció el Rabí esta vez no pudiendo contener sus lágrimas ante su amigo.

domingo 15 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XIV.-La habitación de Sara)



      
       Mi cara de bobo dio paso a un momento de silencio que Paqui se encargó de romper, quizá percibiendo que me estaba costando digerir aquella afirmación suya, advertencia, aviso de peligro, o lo que hubiese sido.
        -Esta es tu habitación. El baño está al principio del pasillo.
        -Gracias
        Sin darme cuenta me quedé mirando la habitación que estaba frente a la mía, que tenía la puerta abierta y, por el ligero aire que corría, también la ventana.
        -Es la habitación de Sara. Entra si quieres…A ella le encanta enseñársela a todo el que puede. Está muy orgullosa de su decoración, aunque…a mi me parece demasiado recargada… Rió.
        -Supongo que tenemos gustos parecidos mi querida amiga. –Respondí al echar un primer vistazo a la estancia.
        La habitación era un auténtico cuento de hadas en miniatura. Era un mar de colorido que desentonaba de tal manera en aquel lugar solariego, que hacía gracia… Los tonos rosas, malvas y azulados decoraban las paredes, las cortinas, el edredón de la cama y la tela del dosel, algo que tampoco es que estuviera muy a tono con el entorno. De las vigas del techo colgaban decenas de estrellas de diferentes colores, que con el aire que entraba por la ventana, la luz del pasillo, y la de la propia habitación, creaban cientos de brillos que se movían continuamente reflejados en las paredes.
        -Supongo que ella esté acostumbrada…Yo me marearía con tanta lucecita. -Afirmé
        Curiosamente, las figurillas y muñecos que adornaban cada uno de los rincones de la habitación, incluyendo un gran escritorio, no eran los de una niña típica. Me refiero quizá al tópico de las casas de las muñecas, la Barbie, los peluches, la chochona, el perrito piloto o algo parecido. Predominaban los muñecos de la guerra de las galaxias, con un toque de Stargate, aquí y allá, y presidiendo aquella fiesta de ciencia ficción, como no podía ser de otra manera, el póster gigante de Harrison Ford en la primera entrega de Indiana Jones, en la pared contraria a la cama, junto al armario. Era lo que ella veía nada más despertarse. Sobre la mesa del escritorio, situado junto a la ventana, algunas carpetas en aparente desorden, parecían reclamar un poco de atención por parte de la dueña. En una de las mesillas, había una lámpara con la pantalla de tela de color malva y dos viejos teléfonos móviles que seguramente conservaba con nostalgia, porque no parecían de última generación precisamente. Al otro lado de la cama, en la otra mesilla, había una lámpara gemela, pero esta vez con la pantalla color azul cielo, una vela medio usada, unas barrillas de incienso, o algo por el estilo, un mechero y un pañuelo perfectamente doblado con la S grabada en color dorado.
        -Madre mía que colorido…Casi me hace daño en los ojos…
        -Demasiado recargado ¿eh? Sara es así…A ella le encanta.
        -Veo que compartimos la pasión por Indiana Jones…
        -Tiene hasta un sombrero igual… Mira…
        Paqui abrió el armario y me enseño el vestuario…
        -Que decías de Indiana Jones…Hasta el látigo. Creo que siempre le fascinó el personaje. Gervasio la llevaba de aquí para allá, por el monte. Creo que conocen todas las cuevas y abrigos rocosos entre los canchales que hay de aquí a Plasencia. Y dudo que hayan dejado de excavar en alguno, en busca de sus preciados tesoros. Todavía recuerdo cuando trajeron unos huesos, que resultaron ser de oveja, diciendo que habían encontrado enterramientos humanos… ¡Vaya dos!
        -Por algo se empieza. Lo importante es que descubrió su pasión, vive con ella y para ella. No todo el mundo puede decir lo mismo. Mírame a mí. Historiador frustrado reconvertido en aburrido funcionario…Envidia me da.
        -No sé…a mi me pareces un muchacho agradable, inteligente y no sólo de ilusiones, proyectos y aventuras se vive. No sabes lo que daría porque Sara conociera una persona como tu, no me mal interpretes, ni pienses que estoy haciendo de Celestina, me refiero que me encantaría que sin perder esa chispa que tiene, sentara la cabeza, tuviera una familia…no sé. Por eso te pongo sobre aviso con este par de joyas. Tienen demasiados pájaros en la cabeza…
        -No te preocupes…Creo que te entiendo.  A mi me pasa lo contrario. Me gustaría tener un carácter algo menos cuadriculado. La monotonía me puede Paqui.      
        En las dos puertas del armario, en la parte interior cuatro pósters más de su actor favorito, esta vez protagonizando el resto de las películas de la saga de Indiana Jones y, uno más, caracterizado como Hans Solo de la Guerra de las galaxias. Dentro no vi, a simple vista, ni un solo vestido, ni una falda. Estaba claro que no le gustaban. Predominaban los pantalones vaqueros de tonos grises y oscuros. Había un chubasquero tres cuartos, de color azul oscuro y, en uno de los laterales, varios jerseys de lana de diferentes grosores. En el suelo del armario un par de deportivas, que parecía sin estrenar, seguramente preparadas para dar una carrera mañanera, y dos pares de botas. Unas, parecidas a mis chirucas, pero de mejor calidad, y otras de goma…junto a una soga, varios mosquetones, un arnés de cintura y pecho, un par de piquetas y un casco con linterna…O le gustaba la espeleología, o en sus correrías con Gervasio también se aventuraban en cuevas profundas, y se había comprado el material básico para sus incursiones.
        En aquella habitación únicamente había tres fotos. Discretamente colocadas en el escritorio, no llamaban la atención por su tamaño ni por su visibilidad. Casi ocultas tras las carpetas desperdigadas, en el fondo del mueble, parecían puestas a propósito en aquel lugar privado, lejos de una primera mirada de cualquiera, conservando deliberadamente cierta intimidad. En una de ellas una joven cantinera posaba junto a un hombre alto y moreno, muy bien parecido que supuse era su exmarido, con una niña en sus rodillas, obviamente Sara. En otra, Gervasio, algo rejuvenecido, junto a una adolescente, Sara otra vez, junto a un Canchal, y una hoguera…
        -Bonitas fotos…La foto de familia, y la del día que descubrieron aquellos huesos de oveja- Rió Paqui. Míralos como se lo pasaban…estaban asando la merienda. Por aquí, es típico ir al monte los fines de semana, hacer una hoguera entre los canchales, y asar unas castañas.
        Algo más escondida, una foto de Sara. Era una mujer guapa, morena, de pelo largo, facciones redondeadas, nariz pequeña y graciosa y sobre todo unos ojos expresivos, brillantes, y oscuros que cautivaban.
        -Sostenerle la mirada debe ser un problema. –Dije algo apurado, mientras Paqui sonreía.
        -Y aquí parte de sus libros…
        Al lado contrario de donde se situaba el escritorio, una pequeña biblioteca, que ocupaba casi todo el espacio hasta la puerta de entrada, donde no faltaban una enciclopedia de historia universal, otra de historia de España, varios Atlas históricos, algunos diccionarios y cientos de libro más pequeños de los más variados temas. Un simple vistazo me confirmó que era una apasionada de la novela histórica, de ciencia ficción y de misterio.
        -Mira éste lo estoy leyendo yo…lo traigo en la maleta. “El último ritual”…Veremos que nos cuenta... –Dije cogiéndolo, y devolviéndolo a su sitio
        La biblioteca estaba echa a medida, con la madera perfectamente pulida y barnizada…
        -Supongo que esto es obra de Gervasio.
        -Supones bien…Regalo de cumpleaños y de mayoría de edad. Menuda sorpresa se llevó. Hay que reconocer que tiene unas manos…Tomó medidas de los libros, y fue escalonando el tamaño de las estanterías, para aprovechar el espacio al máximo. Y la madera…de cerezo y de la mejor calidad. Si te he de ser sincera…nos costó una buena bronca. No sé el dinero que gastó, ni el tiempo que invirtió, pero al reprocharle el exceso de generosidad por su parte…me cerró la puerta en las narices, y siguió trabajando, permitiéndose el lujo de decirme:
        -A mi princesa le regalo lo que me da la gana.
        Preferí no seguir discutiendo, es demasiado cabezota.
        Pero dejemos las cosas de Sara, instálate en la habitación y cuando quieras bajas. Suelo cenar a las 9.30 si me lo permiten esos viejos achacosos. A las 9 suele haber una migración de cuerpos artríticos desde la cantina a sus hogares…incluido Gervasio. ¡Que alivio…!-Dijo la cantinera dejándome en la puerta de mi habitación, dirigiéndose a las escaleras, pasillo adelante.

jueves 12 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XIII.-De "patrona" en la cantina)




    Mientras el carpintero se alejaba seguramente elucubrando sobre sus nuevos descubrimientos, cerré el coche, y me coloqué la mochila a la espalda. Mi mirada se paró por un instante en la fantasmagórica forma de la ermita o la iglesia, o lo que hubiera sido, con la torre erguida orgullosa a pesar de los pesares. La noche no permitía apreciar los desperfectos causados por el último incendio en toda su magnitud, pero sí dejaba ver la sombra de algunas maderas colgando de la única viga que había quedado en la techumbre, como si fueran brazos inermes, sombras de lo que algún día cobijara un lugar de culto.
        Me giré, y seguí la graciosa silueta del anciano, con la boina calada, que se iba perdiendo bajo los soportales de la plaza en dirección a la cantina, cargado con mi equipaje. Cuatro tenues luces alumbraban cada una de las esquinas de aquel lugar desierto, dejando en semipenumbra el pilón y la fuente que presidía la plaza, convertidas ahora en una forma oscura y alargada, que sólo el silencio delataba, pues se percibía con total nitidez el sonido del chorro de agua que fluía permanentemente, chocando contra la balsa de agua donde abrevaban los animales.
        Me apresuré a seguir a Gervasio quien casi había llegando a la cantina. Pasé junto a las columnas de fuste liso con aquellos curiosos capiteles con esas figuras de animales mezcladas con motivos vegetales que, con la escasa luz, parecían formar escorzos grotescos, aún más, cuando se difuminaban con el vaho de mi aliento fruto de aquel frío que había bajado de la montaña con el atardecer.
        -Parece que esta noche va a helar y mucho.- Pensé asegurándome a mi mismo que la temperatura ya estaba por debajo de cero grados, para regocijo de mi acalorada cabeza.
        La roída bandera de España que colgaba del viejo ayuntamiento ondeaba con fuerza por la brisa que se había levantado. La cuerda que servía para izarla y arriarla, pasaba por dos anillas que unían la tela y el mástil. El viento tensaba la cuerda hasta el límite, parecía que en cualquier momento iba a soltarse dejando así de sonar aquel leve tintineo que las anillas provocaban al moverse al azar y chocar con el soporte oxidado. Me dí la vuelta para volver a apreciar la visión nocturna de aquella plaza, casi desde la puerta de la cantina. La silueta de la iglesia al fondo, fuera de los soportales, el cuadrado de la plaza abierto sólo por el lado de la iglesia, en línea recta, el ayuntamiento y por detrás de la plaza, a escasa distancia, tras las casas sobre los soportales, la “casa del judío”. No sé si fue el orujo o que en ese momento me creí que era Indiana Jones de verdad, pero no se porque me dio por pensar que aquellas tres construcciones se podían unir por un triángulo, quizá equilátero…
        Por fin llegué a la cantina. Paqui retiraba ceniza de la chimenea. Algunos lugareños habían comenzado a pasar por allí, a tomar un par de chatos antes de la cena, incluso dos mesas estaban ocupadas con sendas partidas de mus. Miré en todas direcciones, y no vi al carpintero. Paqui se acercó…
        -Ha subido con tu equipaje. Cuando baje te enseñaré la habitación. No es gran cosa pero te servirá. La he abierto para que se ventile un poco. Ya sabes…esas manías que tiene cada uno. Suelo ventilarlas todos los días. No me gusta que pierdan ese aroma a aire fresco, a tomillo y romero de la montaña. No soporto el olor a cerrado. Te dejaré una estufa si lo consideras necesario, aunque si te digo la verdad, esa habitación está casi encima de la cantina. La chimenea pasa por uno de los costados y no creo que la necesites.
        Finalmente Gervasio apareció. Tardó más de la cuenta. Por su cara divertida me dio la impresión de que acababa de cometer una de sus nuevas travesuras…
        -Tranquilo Luis, le he advertido antes de que subiera…
        -¿Perdona?
        -Le he dicho que si se le ocurría husmear en tu equipaje en busca de tabaco…le cortaba las manos. Con él suele funcionar…las tiene mucho cariño…Y yo soy muy buena con el hacha cortando leña…-Paqui me sonrió.- Ya sabes…puestos a tener vicios, también fumaba, y se lo han prohibido.
        -En cierto modo pareces su madre…
        Noté como Paqui se entristecía un poco…
        -Su madre, su hija…hay que hacer de todo en esta vida para ganarse el cielo.
        -Subo con el muchacho a enseñarle su habitación. Hasta las ocho y media…ni uno…¿entendido?-dijo al carpintero.
        -Si…entendido.
        Paqui me aclaró…
        -No le dejo tomar más que dos chatos antes de cenar. Pero si me descuido…le encanta engañarme, aunque suelo salirme con la mía. Como un niño hijo, como un niño.
        Crucé con mi mochila tras la barra de la cantina, en dirección al interior. Dejé a mi derecha, lo que era una cocina de mayor tamaño.
        -No la uso más que para fregar. Antaño, sobre todo en verano, había muchísimo trabajo. Llegué a tener hasta dos camareros, mientras yo me encargaba de los menús. ¡Que locura!
        A mi derecha, la amplia habitación donde se curaba la matanza…
        -Insoportable Paqui. Insoportable.
        La cantinera sonrío.
        -Es lo que nos queda Luis…poca cosa. Hago chorizos todo el año, aunque tenga que comprar la carne fuera. Se ahuma y se seca de maravilla en este clima. Faltan un par de semanas para que llegue San Martín, y mataremos un par de cerdos. Seguro que te gustará…es todo un acontecimiento. Ni que decir tiene que habrá mucho trabajo pero también habrá una buena recompensa en forma de buen vino, oreja y careta a la brasa.
        -Pues me temo que me apuntaré. No creo que me haga mucha gracia ver al pobre bicho morir…pero si hay que pasar por ello…para poder catarlo…
        Paqui tenía razón. Quedaban unas pocas vueltas de chorizos, pero desde luego el aroma era una auténtica tortura. Debía estar incrustado en las paredes.
        -Subamos rápido o me quedo a dormir con los chorizos.
        Paqui soltó una carcajada.
        Mientras ascendía tras ella por aquella angosta escalera, las maderas crujían a mis pies mezclándose con los suaves ecos de las voces de los clientes de la cantina, creando un ambiente que a mi me pareció muy familiar. Ella pareció adivinar mis pensamientos.
        -Es nuestra hora de máximo aforo como se dice ahora…-Sonrió
        -¿Sueles tener gente para cenar?
        -No, ni para comer tampoco. Algún fin de semana, y en verano, desde luego. Llegando el frío…Gervasio y yo.
        -Bueno, pues quizá mi compañía os venga bien, aunque con lo aburrido que soy…
        -No seas bobo…Hemos tenido una conversación muy interesante en la comida, a pesar de que hayamos tocado, y mucho, las fantasías de ese viejo narigón.
        Paqui subió el último escalón y se giró súbitamente…casi me choco con ella. Nuestros rostros estaban a la misma altura. No sé porqué pero tragué saliva…
        -La ha llamado ya…¿verdad?
        No pude mentirla, e intenté tranquilizarla.
        -Sí. Pero no te preocupes, mujer…
        -No soporto su actitud de niño malcriado. Te ha empujado a comprar esa casa, aunque tú ni te has dado cuenta, ha llamado a la niña…y que me aspen, si no se presenta esta misma noche…Como sí lo estuviera viendo…
        -No te preocupes…Mira yo vivo sólo. Quizá un poco de emoción, algo diferente que hacer, me venga bien. Llegué aquí por casualidad…y si el destino estaba escrito así.
        -Sólo espero que nadie salga dañado…
        -Temes por Sara. Yo soy de fiar. Soy inofensivo. Si mi madre al nacer yo, preguntó a la matrona si era niño o niña, y la matrona compungida dijo… que había parido un pequeño calvito soltero. –Intenté quitarle importancia a la llamada del carpintero.
        -No Luis, con mi niña y ese viejo, temo por ti. –Dijo dándose la vuelta, y enfilando el pasillo que conducía a mis aposentos, dejándome con la cara de bobo más grande del universo.

martes 10 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XII.-Y decidí quedarme...)




      No puedo explicar como me sentí en aquel momento. Por un lado tenía curiosidad por conocer a aquella joven tan emprendedora, atrevida y aventurera, pero, por otro lado, tenía un presentimiento…me sentía como una marioneta cuyos hilos movía aquel, aparentemente inofensivo, carpintero.
        La sobremesa se había prolongado más de lo previsto, y me tenía que preocupar de mi alojamiento…Debía esperar un tiempo antes de coger el coche de nuevo, debido a los chupitos de orujo, y, sobre todo, informarme si había cerca una casa rural, pensión, hotel o lo que fuera…
        -Me hubiera gustado visitar la iglesia esta misma tarde, pero me parece que ya no son horas de excursiones. Creo que daré un paseo por la plaza, y en cuanto me encuentre en condiciones, a lo cual ayudará, por supuesto, el frío de la montaña, iré a buscar donde dormir. Mañana iniciaré las gestiones para intentar hacerme con esa casa, y si puedo regresaré a ver la iglesia.
        -No me parece buena idea que a estas horas tengas que ir en  busca de alojamiento, ni que tengas que conducir, por supuesto. Me parece que te gusta el orujo mas que a los chivos la leche. -Rió Gervasio su propio chascarrillo- Es viernes, comienza el fin de semana y quizá te cueste encontrar algo…Paqui y si…
        La cantinera asintió…
        -Puedes quedarte arriba el tiempo que quieras. Tengo demasiadas habitaciones vacías- Dijo la cantinera algo apesadumbrada.
        -No quisiera ser una molestia…
        -No lo serás. Me harás compañía. Cada vez soporto menos a este viejo cascarrabias.
        En su voz percibí un tono de resignación, de tristeza, de soledad. En el fondo no creo que le hiciera mucha gracia que me quedara, ni que hubiera tomado la decisión de comprar aquella casa. Aquello, por alguna circunstancia, despertaba la curiosidad del carpintero y no se sentía cómoda con el asunto. Si supiera que su hija ya estaba al tanto de mi visita…
        -Sólo una condición, pactemos un precio…
        -Me parece bien. No es necesario, pero es lógico que te sientas menos violento. Así te quedarás el tiempo que consideres oportuno.
        -Habitación y desayuno…si te parece. La comida y la cena te las pagaré aparte, no todos los días estaré por aquí. Quiero hacer varias excursiones por los alrededores, conocer la zona en general, y quizá tenga que hacer algún viaje extra con motivo de la compra de la casa, si logro conseguirla.
        -Comprarla no creo que sea un problema. Me parece que lo peor vendrá después. Si no recuerdo mal en su día fue declarado bien inmueble de interés cultural…allá por los años noventa del siglo pasado. Fue cuando la familia propietaria quería convertirla en casa rural. Pero las obras se pararon porque todo debía estar autorizado por el organismo competente. No se podía hacer ninguna reforma interior ni exterior sin que la administración la supervisara. Ya sabes como son de orgullosos algunos nobles…decidieron dejarla como estaba y, con el tiempo, quedó abandonada. Creo que han incumplido la ley incluso colgando ese cartel poniéndola a la venta, hasta para eso tienen que tener un permiso administrativo, y dudo que lo tuvieran, ni que lo llegaran a pedir. Pero bueno…el pueblo está muy apartado y a quien le importa. Es algo injusto…se puede caer de vieja… que nadie tomará medidas, pero si decides arreglarla te supervisan hasta el más mínimo detalle.
        -¿Cuánto tiempo lleva en este estado?
        -Yo creo que no viene nadie de la familia desde hace más de diez años.- Intervino Paqui
        -Será lo que lleva colgado el cartel. –Dijo el carpintero –Fue un año después de que hicieran aquella pequeña fiesta en la plaza, tras ser declarado bien de interés cultural. La verdad es que no debía estar muy claro lo que pretendían hacer con la casa, la intervención de la administración frenó en seco sus intenciones.
        -Fue una de las últimas fiestas típicas del pueblo. Ahora son muy diferentes llenas de jóvenes excursionistas haciendo el botellón y acampando en cualquier lado, ensuciándolo todo. Dejan dinero, no lo niego, que no nos viene nada mal para pasar el invierno pero, a veces, las consecuencias son desastrosas, como en el caso de la iglesia, con el incendio que casualmente acompañó al presunto robo de la talla de la virgen y el niño con el San Juanillo. –Paqui intentaba reclamar mi atención sobre aquel hecho o quizá desviar al viejo carpintero de su objetivo
        -Pues no es por llevarte la contraria, pero creo que aquello fue fortuito y que la vieja “talla” del S. XV se quemó, como el resto de lo que quedaba del retablo, si podemos llamar así a ese bloque de madera carcomida y descolorida que ocupaba el ábside.
        -Bueno tampoco sabemos si era del siglo XV, pero es lo que se decía. De hecho, no puede llamarse talla tampoco, era un altorrelieve dentro de la hornacina central del viejo retablo. –Sentenció la cantinera que parecía tener ciertos conocimientos de arte, quizá proporcionados por su hija.
        -Venga… no se hable más, iremos paseando hasta tu coche, y traeremos tu equipaje, mientras Paqui te prepara la habitación. –Cerró la conversación bruscamente Gervasio.
        -Perfecto. Vamos pues.
        La noche había llegado a Cerezal de Jerte. La sobremesa se había convertido casi en la hora de cenar. Me había saltado la costumbre de tomarme mi descanso vacacional en el mes de septiembre, y lo había retrasado hasta noviembre. En esa época las noches se echaban encima a las 7 de la tarde. Paseando junto a Gervasio alrededor de la plaza pude comprobar la escasa iluminación que tenía el pueblo, seguramente el presupuesto de la pedanía era muy bajo y con una bombilla aquí, y otra allá, se alumbraba tenuemente la columnata de la plaza del Coronel Golfín, proyectando sus tenues sombras en todas direcciones.
        Había desaparecido el escaso movimiento que había en el pueblo. Las pocas ventanas iluminadas de las casas, acompañadas de una pequeñas manchas curvilíneas ascendentes de humo saliendo de sus chimeneas, indicaban las que estaban habitadas. Era muy sencillo distinguirlas también por la noche, a pesar de no poder apreciar la diferencia de color de la fachada, como durante el día.
        -Has hecho bien quedándote. No es que hayas “soplado mucho”, pero lo suficiente para darte un trompazo con este coche, que tiene pinta de ser muy potente.
        -Es un avión Gervasio, un auténtico avión. No lo uso mucho pero creo que eso cambiará si compro la casa.
        Mientras yo sacaba del maletero la gran bolsa de deporte, donde llevaba mi equipaje, y mi inseparable macuto negro que normalmente utilizaba para ir al gimnasio, reconvertido en mochila de “lo imprescindible para el día”…
        -Hola princesa, el joven se queda…Vale…te paso con él.
        -Sara quiere hablar contigo.
        -¿Conmigo?
        -Si.
        Gervasio ya me había endilgado el teléfono, con la consiguiente incomodidad que me produjo. Fui incapaz de negarme…
        -Hola…
        -Soy Sara…
        -Lo sé…
        -¿Has encontrado algo en la casa?...Seguro que sí, si no, no me hubiera llamado mi viejecito preferido. Supongo que mi madre no está al tanto, se enfadaría, pero eso es lo de menos, Ahora cuéntame lo que has hallado.
        Sara era como decían atrevida, un auténtico vendaval, parecía tener la misma confianza conmigo que con cualquiera de sus conocidos.
        -¿Te ha comido la lengua un gato? ¿Oye? ¿Luis?
        -¿Cómo sabes mi nombre?
        -Soy adivina…no te digo. Gervasio… ¿Le conoces?
        El viejo se encogió de hombros, y puso su sonrisa característica de nueva travesura.
        -Perdona he sido un ingenuo.
        -Perdonado… ¿la casa? ¿Recuerdas?
        -Caray…Todo esto…es nuevo para mí.
        -Vale Luis, por lo que puedo imaginar… tímido, soltero, con poca conversación, algo cobarde, quizá acomplejado…
        -¡Leches! Basta ya. Me estás psicoanalizando sin conocerme.
        -Eso está mejor…era sólo una forma de intentar sacarte de tu cascarón…
        -Ni que fuera un polluelo recién nacido
        Ella soltó una carcajada.
        -Me gusta…tienes sentido del humor.
        -Pues a mi no me ha gustado un pimiento este psicoanálisis.
        -Está bien perdona. Te invito a comer en señal de amistad.
        De repente me puse colorado como un tomate. Gervasio se dio cuenta y sonrió. Creo que era consciente de que su princesa estaba tomando las riendas de la situación. Me veía como un pobre pardillo.
        -De momento te contaré lo que he encontrado. La comida tendrás que ganártela. – Dije intentando mantenerme firme. La verdad es que me sorprendió que aquellas palabras surgieran de mi garganta espontáneamente. Aquella vocecita sonaba suave y cautivadora…pero me había conseguido alterar.
        -Vaya…quizá en el fondo seas un chico duro y gruñón…Ummm interesante. Dejemos la comida pues…Cuéntame cosas.
        -Será lo mejor. He encontrado sobre una viga de la habitación por la que se accede al desván, una chapa con la letra hebrea Beth grabada.
        -Perfecto…este puede ser el detalle que nos faltaba a Gervasio y a mi para aseverar, definitivamente, que esa fue una casa Judía, que es mucho más antigua de lo que creen las autoridades cuando la declararon bien de interés cultural, y aventurándonos un poco, quizá podamos asegurar que fue la sinagoga de Cerezal, a finales de la edad media…Gracias Luis eres un encanto…Mañana comemos…Ciao
        Y colgó, dando por hecho que al día siguiente no sólo ella estaría allí, sino que comería conmigo. Y muy a pesar mío, con toda la razón del mundo, la curiosidad me había invadido, tenía ganas de conocer a aquel torbellino con el que, sin duda alguna, debía tener mucho cuidado.
        -Gervasio…Me da la impresión…Mejor dicho tengo la absoluta certeza…de que me habéis utilizado. –Dije devolviéndole el teléfono.
        -Es posible que hayas tomado demasiado orujo.- Sonrió. No te ofendas, no eres el primero…pero sí he de decirte que eres el primero que se queda en la cantina una noche y, por supuesto, el primero que habla con mi princesa. Tienes algo muchacho. –Dijo con descarada normalidad, cogiendo mi gran bolsa de deporte, dejándome de “pasta de boniato” con la mochila en una mano y la otra sobre el portón del maletero, echando a andar en dirección a los soportales de la plaza, sin decir ni una palabra más.

domingo 8 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(XI.- El pueblo arrasado)




       -Como iba diciendo…la verdadera catástrofe llegó con el paso de las tropas napoleónicas por el pueblo…
        -Al menos esta información no se la has sacado a la niña…-Le reprochó Paqui.
        -No…
        -Querido amigo… los archivos del pueblo desaparecieron por completo en agosto de 1809, pero sí que está suficientemente documentada la tragedia que provocaran los franceses a su paso, en gran medida por la valentía de los habitantes del valle…por supuesto, y los meses posteriores, en los legajos del obispado.
        -Cada vez me tienes más intrigado…sigue por favor.
        -Verás…El valle fue un lugar de paso de tropas durante toda la guerra de la independencia. Era una vía importante de comunicación. Plasencia, la ciudad más importante de la zona sufrió varias ocupaciones durante los años del conflicto. Ante una de estas acometidas francesas, en las que pensaban adentrarse en el valle a través del Barco de Ávila, los vecinos del pueblo, y del valle en general, acudieron en apoyo de las tropas españolas comandadas por el Coronel Golfín, que llegó a ser Ministro de la Guerra, y del Comandante González Aragonés, en Puente Becedas, donde los franceses fueron rechazados y derrotados. Fue esta enconada oposición de los lugareños al paso de las tropas extranjeras la que provocó la reacción gala. Una importante sección de las tropas del Duque de Alsacia se presentó por sorpresa utilizando el valle de al lado como vía de acceso, y arrasó varios pueblos como represalia. Los lugareños apenas tuvieron tiempo de esconder sus escasos bienes y alimentos en los subterráneos de las casas, y se retiraron al monte. Aquí quemaron todos los edificios y sólo se fueron después de acabar con los suministros. Los habitantes se refugiaron en cuevas en la montaña y entre los canchales, durante más de un mes. Algunos de ellos no superaron esa prueba. Cuando por fin regresaron al pueblo el paisaje era desolador. Todas y cada una de las construcciones estaban quemadas en mayor o menor medida, incluida la iglesia, que había perdido su cubierta. Muchos abandonaron la localidad para siempre, comenzando una nueva vida en los valles vecinos de Ambroz o de la Vera. Unos pocos se quedaron, y comenzaron, con mucho esfuerzo, la reconstrucción.
        -Se edificó la plaza, que tomo el nombre de Coronel Golfín por aquel militar a cuyas órdenes sirvieron nuestros vecinos, y después se construyeron algunas otras a su alrededor. Pero el pueblo nunca volvió a ser el mismo. Los Ordóñez arreglaron su única posesión en el pueblo años después, la casa que has visto, y el episcopado se apresuró a restaurar la iglesia, pero el edificio que alberga el ayuntamiento cayó en desuso, con lo que entró en uno de los lotes de la zona, desamortizados por Mendizábal en 1836, comprado por un burgués madrileño cuyo nombre no recuerdo. Finalmente, a finales del siglo XIX fue adquirido por el gobierno, restaurado y convertido en casa consistorial, hasta la década de los 70 del siglo pasado. La migración campo-ciudad con el importante proceso de industrialización provocó la despoblación de la zona, y del pueblo en particular. La gran mayoría de los jóvenes buscaron una mejor vida en Madrid principalmente, y aquí quedó lo que ves…unos pocos viejos reumáticos y achacosos, como yo, y un pueblo reducido a la categoría de pedania dependiente de Jerte.
        -Vosotros… ¿Nacisteis en el pueblo?
        -Somos de aquí, Luis. –Respondió Paqui, mientras Gervasio parecía distraído mordisqueando una galleta, quizá descansando de su relato de los hechos desgraciados acaecidos en el pueblo.
        En ningún momento percibí la sutileza con la que Paqui no había contestado a mi pregunta, ni lo relacioné con la supuesta distracción del carpintero. Para ser sincero los orujos estaban dejando ya su huella…
        -Y bien, amigo mío, y ahora no me cambies de conversación de nuevo que ya me has liado bastante. Que demonios has encontrado en esa casa, y que es eso de que te quedas…
        Volví a sentir la incomodidad y la frialdad con la que la cantinera recibía las preguntas del carpintero sobre mi pequeño descubrimiento.
        -Os dejo con vuestras historias, alguien tiene que fregar…-Dijo con sequedad mientras se levantaba y retiraba los vasos del orujo, por supuesto, vacíos.
        Estoy convencido que nos escuchaba. Era imposible que entre tanto plato, cubierto y cazuelas varias no hiciera apenas ruido al fregar…
        -Algo tiene esa casa que me ha embrujado. Y no son los orujos, ya volví embrujado de la visita. He decidido comprarla. Tengo unos ahorros y ahora mismo puedo permitírmelo. Arreglarla llevará tiempo, si consigo hacerme con ella. Aprovecharé las vacaciones y algunos fines de semana para venir. Y… sí, encontré algo Gervasio.
        Los ojos del carpintero se abrieron de par en par…
        -Sobre una de las vigas de la habitación que tiene el acceso al desván, entre telarañas y polvo, había una chapa de metal con la letra hebrea beth grabada.
        -Son demasiadas coincidencias. El escudo de la puerta borrado a martillo y cincel, como queriendo eliminar toda presencia y recuerdo de algo, probablemente la Inquisición que tenía una casa en la cercana población de Tornavacas, tuviera algo que ver con esto; la letra que has encontrado; las orientación de la puerta de entrada hacia el este; las escaleras de piedra obligatorias en la costumbre hebrea de ingresar en una sinagoga, y el hueco del suelo de la primera estancia a la que se accede desde la parte trasera…
        -Has hecho hincapié en ello… ¿Qué significado tiene?
        -Creo que es el lugar donde se hacía el baño ritual para purificarse, obligatorio para los fieles al entrar en la sinagoga, la Mikvé.
        -Parece que hay indicios de que puedas tener razón.
        -Y hay algo más, por mucho que se quiso borrar la presencia judía por esta zona, está claro que fue un lugar importante de paso para la importante comunidad hebrea que huyó a Portugal en verano de 1492, tras aquel infame decreto de expulsión. Digamos… que fue una de las últimas paradas de aquel éxodo. En algunos lugares hay una huella importantísima. Si has estado en Hervás lo habrás comprobado.
        -Sólo he pasado…Es algo que queda pendiente.
        -Cuando se entere mi princesa…
        -Ni se te ocurra molestarla…-Gritó Paqui, confirmándome que desde el primer momento nos escuchaba.-Parece que atraviesa un momento de estabilidad en su trabajo y que ha olvidado sus aventuras desde hace unos meses. Espero que haya conocido a alguien en Toledo, y que siente la cabeza de una vez. Así que…ni pío de todo esto, o te las verás conmigo.
        Gervasio puso cara de haber cometido una travesura más…
        -Sssssssss, Baja la voz, esta vieja harpía parece que tuviera micrófonos por la cantina…Sara sabe que has venido.
        -Pero…si no has podido hablar con ella. Has estado conmigo todo el tiempo desde que volví de la casa.
        -Hablé con ella esta mañana. Sabe que un joven con pinta de turista dominguero, con una bonita gorra negra y morada, con la cabeza afeitada, despierto y curioso, ha visitado “la casa del Judío”. El resto…puede que se lo haya imaginado, y si no, es posible que alguien, sin querer, se lo cuente esta noche –Sonrió divertido
        -Ya no tan joven amigo, ya no tan joven. 

jueves 5 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(X.-El terremoto)




-Verás…No hay muchos datos sobre el terremoto…solamente algunas referencias vagas en los archivos del episcopado. Los archivos municipales se perdieron en el incendio de agosto de 1809.
        Paqui comenzó a inquietarse…
        -Parece ser que la totalidad de las casas del pueblo quedó dañada o destruida, y únicamente resistieron el seísmo, aunque con algunos desperfectos, la iglesia, la casa señorial que alberga el ayuntamiento, ahora cerrada, y la “casa del judío”. Seguramente eran las únicas edificadas con piedra. Ya sabes…El campesino medio no tenía más que para barro y paja, es decir, adobe y, con suerte, para piedras irregulares que iba encajando en su vivienda formando un puzzle bastante inestable. La casa del Judío…ya la has visto. En aquella época, el edificio del ayuntamiento era de la familia Ordóñez, nobles acaudalados que sin embargo, tras el terremoto, se la vendieron al obispado, quien se hizo cargo de sus reparaciones, y las de la iglesia.
        -¿Qué le sucedió a la iglesia?
        -El campanario se resquebrajó en la parte alta y la campana se desplomó, destrozando a su paso varios tramos de la escalera de caracol de madera que llevaba hasta arriba. Los fuertes muros resistieron, aunque parte de la techumbre se hundió, con mucha suerte, por cierto, porque este desplome afectó a la parte del coro, que estaba siendo reparada y, por tanto, estaba cerrada al culto. El terremoto sucedió durante la celebración de la misa matinal.
        -Y… ¿la casa del Judío?
        -Era y sigue siendo propiedad de la familia Ordóñez. Ahora afincada, su mayor parte, en Madrid. Pero no tengo noticias sobre los desperfectos ni las reparaciones. Seguramente esté reflejado en sus archivos familiares en la capital, o en el viejo palacio que poseen en el casco antiguo de Cáceres. Por lo último que he podido saber, tras el terremoto una cuarta parte de los habitantes del pueblo se fueron. Sus casas nunca fueron reconstruidas.
        -Caray Gervasio, para ser un carpintero jubilado pareces más informado que el mismísimo Mossad.    
        De repente Paqui se mostró algo enfadada…
        -Veo que tus investigaciones avanzan…y ya me imagino con quien las has llevado a cabo. Desde luego a espaldas mías.
        El carpintero con la misma cara de niño travieso de hacía unos momentos apuró el chupito acompañándolo de media galleta, que saboreaba, con cara triunfante
        -Ella me llamó. –Intentó disculparse
        -¿Quién es ella? –Pregunté intrigado
        -Sara, mi hija. –Dijo Paqui
        -Es Sara, mi princesita. –Sentenció Gervasio
        Me sentí incómodo. Parecía que estaban a punto de discutir e intenté congraciarme con la parte que parecía enojada, aunque con torpeza
        -No sabía que tuvieras una hija…Bueno llevo unas horas en el pueblo…tampoco tenía porque saberlo…Pero me alegro de saberlo ahora…quiero decir…
        Paqui percibiendo mi incomodidad quitó hierro al asunto…
        -Sara es mi única hija. Conociendo a este viejo cotilla, ya sabrás que estoy separada desde hace años…Se lo cuenta hasta a las aves migratorias cuando pasan por aquí…algunas han debido de oírlo varias veces, cuando pasan hacia el sur, y cuando regresan en verano al norte… ¿Tengo razón?
        -Bueno…algo…algo…sabía.
        -No puede evitarlo. Me separé hace muchos años. Él nunca se acostumbró a vivir aquí. Era un hombre de ciudad. Sara le mantuvo “encerrado” en este pueblo…pero a medida que ella fue creciendo…él no pudo soportarlo más. Cuando la niña comenzó el bachillerato…una preciosa mañana nevada del mes de febrero…las paredes de la casa, las calles del pueblo, las laderas de las montañas se le hicieron demasiado pequeñas, y acabaron ahogándole. Él se fue. Y aquí comenzó mi inmensa desgracia, no porque él se fuera, ni siquiera me sentí abandonada, supongo que me lo esperaba, conociéndole, ya había aguantado demasiado, sino que el viejo que se encuentra sentado frente a ti…se convirtió en el mejor amigo de Sara, ocupando el lugar de su padre. Ella regresaba del Instituto y, sin pasar por la cantina, iba al taller de este narigón, que no se conformó sólo con su compañía, sino que comenzó a contarle sus aventuras de juventud, inventadas o no, sólo Dios lo sabe, porque yo no he querido saber nada. Le metió en la cabeza sus absurdas historias de misterios, tesoros, envenenamientos, asesinatos, guerras…en fin…que le metió tantos pájaros en la cabeza que Sara decidió estudiar Historia.
        -Una de las mejores carreras para morirse de hambre, y no acabar trabajando en la materia.- Sentencié
        -Ella triunfó.-Dijo orgulloso el carpintero- Mi princesa se gana la vida como historiadora.
        -Eso hay que matizarlo…Trabaja en el Archivo Histórico de la Nobleza en Toledo, pero en cuanto tiene algo de dinero ahorrado…pide una excedencia, y… viaja e investiga. Parece que lo que quiere realmente es escribir libros, novelas históricas, con misterios y todas esas cosas que este viejo acabó grabando en su débil cerebro de niña, sin que su madre, ocupada en la cantina, y excesivamente permisiva con ambos, acertara a atajar a tiempo. Supongo que en el fondo lleva más de su padre en la sangre de lo que yo quisiera. No tengo ni su espíritu aventurero, ni sus ganas de viajar e investigar. Leo, no mucho, pero sería incapaz de pasar horas y horas entre libros y legajos con olor a rancio, escritos con letras imposibles. Ni que decir tiene que, escuchar las chocheces de Gervasio, es algo que hago muy esporádicamente…como hoy.
        Ambos cruzaron una mirada cómplice que me pareció absolutamente llena de pasado, de tristeza, de cariño, de ternura, algo difícil de explicar.
        Paqui tenía los ojos vidriosos…parecía a punto de llorar. Su voz me había sonado desesperanzada, nostálgica, repleta de soledad. Quizá aquella separación, unida a la lejanía de su hija podía con ella a veces. Aunque no sé porqué parecía haber algo más encerrado en su mirada perdida y melancólica.
        -¿Otro chupito, Luis? Dijo la Cantinera retirando los vasos de Gervasio y el suyo, excluyéndoles de la ronda.
        -Venga…¡A vida o muerte Paqui! Un día es un día.
        Gervasio…retomó la palabra. Me pareció algo incómodo, puede que afectado por el estado de ánimo de Paqui que había comenzado a recoger las tazas de café, quizá para evitar que viéramos unas lágrimas surcando su suave y blanco rostro. El carpintero volvió a hablar del pueblo, centrándose esta vez en el devastador paso de las tropas Napoleónicas por el valle en agosto de 1809.
       


            Antes de continuar quería aclarar un par de cosas a los pocos atrevidos/as que estáis leyendo “Tiempos de Sombras”. Se trata de un proyecto en el que estoy intentando dar una pincelada sobre la historia de un lugar…imaginario. Cerezal de Jerte es un pueblo que no existe, y que he situado al pie del puerto de Honduras, vía de comunicación angosta y virada que une el valle de Ambroz ( Hervás ) y el Valle del Jerte en Cáceres.  Estaría situado entre Cabezuela del valle y Jerte. Lo he decidido así para poder darle un aire más imaginativo, sin perder en ningún momento, o eso espero, tanto la perspectiva histórica como geográfica de la zona.  

martes 3 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(IX.-El orujo de Gervasio)




-Veamos…El terremoto…
-Disculpa Luis-Interrumpió el Carpintero
-Paqui, yo creo que al muchacho no le vendría mal un orujo blanco de esos que tienes guardado para las ocasiones especiales, y que con tan mala leche me confiscaste. Me da en la nariz…que con esta conversación se le va a secar la garganta…y, de paso, me pones otro a mi…- Dijo Gervasio agachando la cabeza y guiñándome un ojo, lanzando la pelota al tejado de la cantinera, para ver “por donde respiraba”.
-A ti te conozco…como si te hubiese parido. Desde luego si te da en la nariz…y dado el tamaño de tu apéndice…seguro que Luis necesita un chupito para aclarar la garganta. Pero de momento no veo yo que hayas hablado mucho, dado que te has dedicado a engullir el cocido con la glotonería que te caracteriza, luego la teoría, para ti, no sirve, viejo vicioso. –Concluyó Paqui mientras se levantaba en dirección a una vieja cámara que estaba en la parte trasera, donde se curaba aquella aromática matanza.
-Lo tiene guardado bajo llave. Me quitó todo el último cargamento. Me pilló infraganti…Se lo había encargado al panadero que viene desde Plasencia…A él se lo manda su hermano de Galicia. - Me susurro con cierta rabia, pero a la vez divertido, como que aquello hubiese sido una travesura más.- Si ves como se puso…El panadero ni quiso cobrárselo…tras ser amenazado por esta harpía con dejar de comprarle.
-Vaya…parece que hoy todos tenemos sed.-Dijo el carpintero cambiando bruscamente de conversación, y elevando el tono de su voz.
La cantinera regresaba con una pequeña garrafa de cristal verde con un asa, cubierta de hielo y escarcha, tapada con un corcho,  y una pequeña bandeja estampada con motivos florales recargados y pasados de moda, seguramente obtenidos en alguna vieja oferta al comprar latas al por mayor,  con tres vasos de chupito de boca larga.
-Vaya recuerdos que me traen este tipo de vasos. Creo que la primera vez que probé el orujo fue con mi tío en un restaurante…y los vasos eran así. Ya no se ven tanto como antes. Mi tío siempre dice que si a alguien le gusta el orujo es señal de que es buena persona.
-Tu tío es un sabio…-Sentenció Gervasio.
Paqui, posó los vasos con delicadeza, como si temiera que se rompieran al menor golpe. Seguidamente los llenó con el aguardiente de orujo, claro pero espeso, dados sus 20º bajo cero. Tenía buena pinta…ni rastro de hielo en el interior de la botella, buena señal. La pequeña capa de escarcha que se había formado en los vasos tras sacarlos del congelador por el contacto con el aire cálido de la cantina, fue dando paso en su parte más estrecha a la humedad que iba bajando progresivamente hacía la base, aclarando la visión del contenido, que pronto fue totalmente transparente.
-Ahora continua, Luis, esperemos que una vez que se ha salido con la suya, te deje hablar…
Gervasio enarcó las cejas, como si me estuviera pasando la seña de duples altos en una partida de mus, había ganado su órdago particular a la cantinera utilizándome como compañero de partida.  Me había usado sin ningún rubor…me sentía el convidado de piedra de su nueva travesura.
-Pues bien, el terremoto supongo que se llame de Lisboa porque arrasó prácticamente la ciudad, pero el epicentro se situó al sur-oeste del cabo San Vicente en el Océano Atlántico. Se dejó sentir en casi toda la península. Hasta en mi tierra, Palencia, llego el temblor. En La iglesia de San Miguel tuvieron que tomarse medidas con la Torre, casi se derrumba…Es que es la Iglesia donde bautizaron a mi madre, por eso lo sé. –Sonreí.
-Pero…vayamos a sus efectos más cerca de aquí. Hubo centenares de muertos, principalmente en las costas andaluzas de Cádiz y Huelva, situadas frente al origen del seísmo, debido al gran maremoto que las arrasó. En el interior, afectó mucho a Sevilla donde la inmensa mayoría de sus construcciones sufrieron desperfectos, incluida la Giralda. En muchas iglesias y catedrales se produjeron importantes daños como en Salamanca, Valladolid o Baeza. Sin alejarnos demasiado, en Coria, la cubierta de la catedral se derrumbó sobre los feligreses que asistían a misa. Aún hoy, en unos de los laterales se puede apreciar una enorme grieta que recorre la fachada de arriba abajo.
-Pero, por lo que he leído, lo peor debió de ser el maremoto de las costas de Huelva y de Cádiz. Algunos creen que las olas llegaron a los 15 metros de altura. En Matalascañas, la torre almenara…
-¿Que es una torre almenara? , Luis. –Dijo Paqui curiosa.
-En las zonas del levante y de Andalucía, las continuas incursiones de los piratas bereberes hicieron necesaria la construcción de torres de vigilancia para comunicarse entre los pueblos costeros. Algunas incluso presentaban un carácter defensivo, pero principalmente fueron utilizadas para dar la alarma sobre la presencia de enemigos en la costa. La población podía así prepararse para rechazar el ataque, o huir al interior. En el caso de Matalascañas el Tsunami dio la vuelta por completo a la torre, dejando cerca de la orilla, a la vista, sus cimientos. Es impresionante. Allí lo llaman el tapón del mar…y cuentan que si alguien lo quitara todo el agua del océano se iría por el desagüe. Ya sabéis como son lo andaluces.- Reí
-En aquella zona, lo único positivo, resultado de tan enorme cataclismo, fue la ruptura de la línea de la costa de onubense, creándose así el entorno donde más tarde se fundó la ciudad de Isla Cristina. Vaya día de todos los Santos de 1755 que tuvieron…
-¿Has estado por allí? –Preguntó Paqui curiosa- Pareces hablar de algo que conozcas. Me encantaría visitar Doñana, el Rocío. Sanlucar de Barrameda, Chipiona, Ayamonte…debe ser un entorno precioso toda esa parte de costa de Cádiz y Huelva.
-Lo es Paqui, lo es. El año pasado disfrute de unos días de descanso allí. Doñana… que contarte. Con tres ecosistemas tan diferentes y tan interrelacionados, en un espacio tan reducido, las dunas, el bosque mediterráneo y la marisma…creando ese conjunto tan maravilloso… La aldea del Rocío…En fin, que seguro que te gustaría.
Observé como Gervasio apuraba su chupito, mirando de reojo a la botella y a Paqui. Decidí interceder…
-Paqui, nos das permiso para tomar otro “pelotazo”, este orujo está delicioso -Dije campechano con la confianza que me habían dado la grata compañía y, porque no admitirlo, el vino de la comida y el orujo de la sobremesa.
-Cedo el turno de palabra a Gervasio, que seguro que tiene la garganta seca. –Los tres nos miramos y reímos.
-Vaya par de dos que se han juntado. Eso… tú anima a quien no necesita ser animado…
-Pero mujer…no es más que otro orujillo. Sé buena…iré yo mismo a por los vasos. La verdad es que no me apetece mucho pero me sacrificaré por el muchacho –Dijo el carpintero
-Es incorregible…-Dijo Paqui mirándome con cara de resignación.
-Ya que estás de pie, si quieres, trae unas galletas.- Propuso la cantinera.
-Por Dios, Paqui, si tienes galletas Chiquilín me harás el ser más feliz del mundo.
-¿Orujo con galletas Chiquilín?
-Un manjar de los dioses…Te lo aseguro.
-No has pasado más que unas horas con este viejo vicioso, y ya estás majara perdido.
Gervasio regresó con otros tres vasos helados y las galletas. Mientras Paqui servía un nuevo chupito, dicho sea de paso, también para ella y el carpintero ponía algunas galletas en un plato, reanudamos nuestra charla
Y bien…Gervasio, ¿cómo afectó al pueblo el terremoto?

domingo 1 de noviembre de 2009

Tiempos de Sombras(VIII.- El café de Paqui)


-Viejo chocho…Ya le has metido en ganas al muchacho.
-Pero si apenas le he dicho nada- Protestó Gervasio.
-Únicamente me ha comentado lo de la casa del Judío…y resulta que…
- Que tengo razón… ¿Verdad? Tu también has visto el hueco tras la puerta…y las escaleras de piedra que dan al actual jardín y que parten desde la despensa, donde hay ese curioso agujero en el suelo…
La impaciencia del carpintero, aplazó la noticia del hallazgo de mi pequeño tesoro, aquella chapa con la letra Beth, que indicaba la presencia Judía en aquella casa. Además el anciano parecía saber mucho más sobre el tema, a juzgar por los datos que, atropelladamente me había dado sobre la parte trasera del inmueble, que la oscuridad y el poco tiempo que había pasado dentro me impidieron apreciar. Yo no había visto ningún agujero en la descolocada y polvorienta despensa, quizá estuviera tapado por las cazuelas que estaban desparramadas por el suelo.
-Ya está bien…como no te calles, te quedas sin café.-Dijo Paqui ciertamente molesta.
-Déjele por favor…Todo esto es muy interesante.
Paqui se retiró resignada, con gesto serio, hacia la chimenea de donde ya humeaba el café.
-Cuénteme…
-Verás…Este pueblo casi deshabitado tubo una vida mucho más prospera a finales de la edad media y principios de la edad moderna. Sitúate…Posición privilegiada. Por un lado la Sierra de Tormantos, el valle de Ambroz y Hervás. Por otro lado los Montes de Tras la Sierra y el valle de la Vera… Un importante río que lo surca, el Jerte; un microclima suave; cercanía a la frontera portuguesa; importante vía de la trashumancia, era cañada real, con el peso específico que tenía la mesta en aquellos tiempos…
-Me vas a perdonar…pero ni recuerdo el nombre del pueblo…
-No me extraña.
-Cerezal de Jerte.
-Sigue por favor…
Se ha constatado la presencia de una importante y próspera comunidad judía en toda esta zona, Plasencia, Jerte, sin olvidar Hervás, que supongo que sería desde donde venías, ya que has descendido de la sierra por el Puerto de Honduras.
-Si…y me dirigía a Jerte…
-Bueno…casi llegas. –Sonrió.
-Esta fue una importante vía de paso para los judíos que abandonaron Sefarad en 1492, dirección Portugal. Es lógico que dejaran alguna huella en estos lugares. Pero…a lo que voy…ya profundizaremos sobre el tema…el pueblo sufrió dos hechos terribles que casi lo hicieron desaparecer, el terremoto de Lisboa de 1755 y la entrada de las tropas Napoleónicas a sangre y fuego en 1809.
-Ya está el café. Deja tus elucubraciones- Dijo la cantinera mientras se acercaba con una bandeja de donde emanaba un aroma increíble…
-Vas a probar el café de Paqui. –Dijo Gervasio recobrando una postura normal en el escaño. Hasta ese momento había estado inclinado sobre la mesa contándome sus teorías con discreción, como si de un secreto ancestral se tratara.
- Aquí nunca entrará una cafetera express. –Dijo la cantinera.
El café lo hacía a la antigua usanza, hirviéndolo en el clásico puchero de color marrón con tapadera, en el que colocaba un colador de tela, cuyo color blanco no recuperaría jamás, gracias a las cientos de veces que la había usado para separar los posos del líquido. Pero eso no era todo. Paqui…tenía un secreto…le daba un toque muy especial…
-Nunca has probado un café como este. Te lo digo yo. Mi querida amiga lo primero que hace es caramelo, tostando azúcar en la base del puchero, luego añade el agua, el café y una rama pequeña de canela para aromarlo un poco.
-Pero que indiscreto eres. Y si fuera un secreto familiar que hubiera pasado de generación en generación...-Presumió la cantinera.
Paqui lo sirvió. El aroma impregnó el ambiente…
-Desde luego si sabe como huele puede ser el mejor café que haya tomado nunca. –Dije animado-
-¿Azúcar?- Dijo el carpintero.
-Una cucharadita, Gervasio, por favor.
Seguidamente le sirvió otra a Paqui, y él lo tomó solo.
-Si no eres muy goloso te lo recomiendo sin azúcar, o con muy poco, se aprecian más los sabores del caramelo y la canela.
Gervasio tenía razón el azúcar enmascaraba algo el suave sabor del café aromático de Paqui. Aún así, estaba… simplemente… delicioso.
-Con azúcar moreno, está mejor. Pero se me ha acabado. –Dijo Paqui algo apurada.
-No importa, está genial. No se como explicarlo es como si te lo tomaras en algún sitio muy especial, en oriente. Esos aromas te transportan.
-Espectacular Paqui…-Dije apurando la taza- En fin…El terremoto de Lisboa…menuda catástrofe…
-Sabes algo sobre el tema. –Preguntó curioso Gervasio.
-Bueno…Algo he leído. Es que me llamó la atención la cantidad de desperfectos que ocasionó en lugares tan distantes del epicentro. Pero no quiero aburriros…
-Por favor, Luís, es interesante. -Dijo Paqui, acercando el puchero de nuevo con el café humeante, llenando mi taza de nuevo, sin que yo pusiera ninguna pega al respecto.
Vaya…parece que ahora le interesa nuestra conversación.- dijo con cierta sorna Gervasio
-Serás…-Paqui le lanzó la rodea a la cabeza, despeinando con el impacto su pelo canoso y lacio…
-En el fondo le encanta jugar conmigo…Soy su único divertimento.
-No exageres. –Dijo Paqui ruborizada- Tus historias y paranoias me aburren, pero el chico parece que sabe de lo que está hablando.
-Decías del Terremoto…- Dijo Gervasio impaciente.

jueves 29 de octubre de 2009

GANANDO EL JUBILEO...Y QUIZÁ EL CIELO.


En el claustro románico de San Lorenzo extramuros
Ya os he contado nuestras peripecias por algunas de las más importantes basílicas e iglesias de Roma, y por tanto, de la cristiandad. No quisiera pasar por alto la tradición que existe en la ciudad eterna de peregrinar en año jubilar, visitando las siete iglesias jubilares San Pedro del Vaticano, San Pablo extramuros, San Sebastián extramuros, San Juan de Letrán, Santa Croce in Jerusalem, San Lorenzo Extramuros y Santa María la Mayor. Si no recuerdo mal sólo cuatro de ellas tienen puerta Santa, es decir, una puerta tapiada que sólo se derriba ese año especial del jubileo que se celebra cada 25 años. San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán, San Pablo extramuros y Santa María la Mayor.
Ya había pasado nuestra “penitencia” de visitar con la “agradable” compañía de mi hermano Jesu, la basílica de San Pedro del Vaticano, la basílica de San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. Quería daros una pincelada sobre el resto de estas magníficas construcciones.
La Santa Croce in Jerusalem, está próxima a San Juan de Letrán, atravesando un parque, junto a la muralla Aureliana. Se erigió en el antiguo recinto del palacio Sessoriano. La fachada barroca contrasta con el estilizado campanario del S. XII.
Allí se conservan supuestamente trozos de la cruz de cristo…de ahí su nombre. Parece ser que santa Elena, madre de Constantino, hizo traer restos de esa reliquia junto con tierra del propio monte calvario. Bajo el altar, por una rampa lateral se accede a la capilla de Santa Elena, con unos bellos mosaicos del siglo XIV, un lugar precioso, donde se depositara esa tierra hace casi 2000 años. Por una rampa con escaleras se accede al moderno lugar donde se encuentran las reliquias actualmente lejos de la humedad y el calor de la capilla. La iglesia es monumental con unos preciosos frescos en el ábside que representan la leyenda de la vera cruz, donde se explica la supuesta investigación que llevó a cabo la madre del emperador, y las excavaciones hasta dar con la cruz de cristo. El baldaquino es impresionante.
Que os voy a contar del estado de ánimo de mi fiel compañero de fatigas. Aquella mañana ya habíamos visitado San Juan de Letrán, la Escala Santa, los museos vaticanos de San Juan de Letrán, y el baptisterio de Constantino…
No respondía a ningún tipo de estimulo. Ni niños, ni perros surtían un efecto tranquilizador sobre su ánimo. Decidí echarle un poco de agua por la cabeza…pero tampoco. Sus neuronas estaban excesivamente recalentadas, parecían freírse en su propia mala leche. Tras un breve intercambio de opiniones sobre la obligatoriedad de agarrarse a mí para cruzar la calle, y de hacer caso a mis indicaciones…concluyó una de las más aprovechadas y bellas mañanas de nuestra visita a Roma.
-Agárrate…
-A mi no me agarra nadie. Está prohibido agarrar.
-Prohibida va a quedar la tele…y hoy vas a dormir en el water.
-Si hombre…y agarrado a la cadena como decía tu padre…
-Arggggg se las sabe todas el muy Joputa-Pensé
Tras el primer peldaño que bajó… resbalando sobre él, dado que no lo había visto…se agarró. Tranquilos/as es una táctica que domino. Al final da su brazo a torcer muy a su pesar. Su cabeza es pequeña pero densa.
San Pablo Extramuros.- La mirada de Jesu se iba cargando de odio a medida que íbamos avanzando por la fachada exterior del transepto…volvía a oler a piedra, a monumento, a iglesiaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Por las prisas y por descuido no vimos el bello claustro, y sobre todo la espectacular entrada. Accedimos por una imponente entrada lateral al citado transepto donde, en una capilla, se estaba celebrando una misa matinal…Paseamos por la nave central admirando las enormes proporciones de la basílica, las impresionantes hileras de columnas, el bello baldaquino, el artesonado de la nave central, la decoración del transepto, y la supuesta tumba de San Pablo.
-Oye compañero…Las iglesias de este pueblo son una auténtica caca.
-Lo sé Jesu…lo sé. Has visto que columnas tan altas…que grande es la iglesia…
-Es una caca.
Uno, que no por ser viejo y tener muchos kilómetros en esta especial relación peca a veces de ingenuo…
-Vale ya. Dime porque es una caca. A mi me parece una maravilla.
-Es una caca. No tiene bancos.
-Jesu…hay un señor con una máquina limpiando el suelo…los habrán retirado…
-No tiene bancos. Es una caca.
Miro a mí alrededor y ni rastro de bancos. Argggggggggggggggggggggggg.
San Lorenzo Extramuros.- Situada al lado del cementerio de Roma, la visitamos a primerísima hora de la mañana. Si no recuerdo mal a las 8 estábamos allí. Es una iglesia original porque en realidad es la unión de dos iglesias preexistentes, mediante una escalinata. Decorada con estilo cosmatesco, su arquitectura presenta un bello contraste de formas. Bajo el altar culminado por un bello baldaquino, las tumbas de San Esteban y San Lorenzo. Pudimos visitar el claustro románico de la parte trasera, atravesando la sacristía, donde se pueden ver infinidad de inscripciones y restos romanos incrustados en las paredes como un collage, y la carcasa de una bomba que cayó allí en la segunda guerra mundial. Aquí conversamos un rato mientras paseábamos…
-¿Te meas?
-No
-¿Te meas?
-No
-¿Te meas?
-No
El peque pudo ir al cuarto de baño gracias a las indicaciones de un monje que barría en el exterior. Porque se orinaba…El cálculo de la primera micción…no había fallado. Dos horas tras la de después del desayuno.
San Pedro negó tres veces conocer a Cristo…Él negó tres veces la llamada de la naturaleza. Que me perdonen los monjes…estaba tan cabreado que le cerré dentro…no vi sí el chorrillo caía…donde debía.
San Sebastian extramuros.- situada fuera de la ciudad se llega a ella por la famosa Vía Apia Antica. Fue uno de los grandes errores del viaje. Fuimos andando casi todo el tiempo desde las termas de Caracalla. Cogimos el autobús, sólo una parada, porque queríamos ver la colosal puerta de San Sebastián y luego, pensando que la iglesia debía estar cerca, seguimos andando. La matriarca no podía con su alma, o con su pierna claro, iba rezagada con Juan y la cuñaaa, mientras yo, por una carretera apenas sin acera y arcén, peleaba con un…en ese momento insoportable “becerro” que no quería que le agarrara cuando venían los coches. Doy fe que entre coche y coche se llevo varias collejas…y algunos exabruptos que no repetiré por decoro, y además entró en la basílica, a pesar de sus nuevas protestas. Llegamos tarde para ver las catacumbas. Una lástima.
Dentro de la iglesia…aparqué al “cabestro” entre su agotada madre y servidor. Quizá fue la que menos nos gustó de todas, pero también influyó el cansancio y el tiempo perdido. Destacar la capilla Albani, la tumba de San Sebastian con una bonita escultura del Santo, y sus reliquias,(una flecha, parte de la columna a la que fue atado…etc.
Habíamos hecho nuestro jubileo particular y habíamos cumplido uno de nuestros objetivos. Visitar esas siete iglesias. Espero que el señor valore mi esfuerzo y paciencia durante aquellos días aguantando lo que no está escrito.
Aún sufro las secuelas…espasmos en el brazo de los tirones que me daba el “Insistón” para no entrar o salir de la iglesia, aún oigo su voz…
-No quiero entrar, la salida está por allí, está oscuro, no veo ni papa, y sobre todo…son una caca…no hay bancos.
¿Habéis oído eso?